Categoría: a30 -__Historia Bélica
4 Septiembre 2008
La otra historia que pudo cambiar el rumbo de la batalla fue magistralmente explicada por el premio Nobel polaco Stefan Zweig en sus “Momentos estelares de la humanidad”. Antes y durante la batalla la obsesión de Napoleón fue impedir que los ejércitos prusianos e ingleses se unieran para combatir juntos contra las tropas francesas. Para impedirlo decidió separar a una parte de sus tropas para que salieran al paso del ejército prusiano que intentaba unirse a las tropas inglesas. Al mando de este importante destacamento coloca a Emmanuel de Grouchy. Un jefe de caballería muy experimentado y curtido en mil batallas aunque sin dotes de liderazgo. Ante la falta de de sus grandes estrellas para el mando Napoleón confía en Grouchy, un hombre ante todo sensato y de confianza.
Rápidamente le son entregadas las órdenes el 17 de Junio. El Emperador combatirá a Wellington y él perseguirá a los prusianos. Y vaya si realizó su tarea, a la mañana siguiente reciben la confirmación de que se están produciendo combates entre Napoleón y las tropas inglesas. Grouchy es un mar de dudas ¿Debe ir en ayuda de su Emperador o continuar cumpliendo sus órdenes y encontrar a los prusianos? Su oficiales lo tienen claro, debe ayudar a la otra parte del ejército francés que seguramente estará en apuros. Grouchy nunca había tenido iniciativa y en un momento en el que la historia es testigo de sus actos decide comportarse igual que siempre, no cambiará sus planes.
En la mañana decisiva Napoleón ordena a Grouchy regresar pero sus enviados son incapaces de dar con él. Aliviado observa más tarde como un ejército se dirige contra los ingleses, por fortuna parece que Grouchy ha infligido sus órdenes y acude en su rescate, justo lo que en ese momento requería la situación. La lluvia hace acto de presencia en el escenario de la batalla y Bonaparte se da cuenta que no son sus tropas sino las de Von Blücher, el general prusiano ¿Dónde está Grouchy?
Durante toda el día Grouchy ha intentado salir al encuentro de los prusianos, finalmente el día 19 Junio logra atacarlos por su retaguardia. Asombrados por sus dotes de mando, los oficiales que días antes le habían pedido volver al lado de Napoleón agachan la cabeza. Tras su victoria contra los prusianos buscan contactar con su Emperador para darle la buena nueva. Pálidos comprobaran que la gran batalla de Waterloo había terminado el día anterior con la total derrota del ejército de Francia, los prusianos habían conseguido contactar con los ingleses y juntos habían derrotado al gran estratega francés. Grouchy había cometido un grave error al no dar la vuelta y aún cumpliendo su misión había fracasado estrepitosamente, ni siquiera su gran victoria de ese día tendrá algún efecto.
Estos dos detalles podrían haber cambiado el rumbo de la batalla pero quizás no el de la historia. La victoria de Napoleón sobre las tropas inglesas y prusianas no habría hecho más que retardar su fin. Los ejércitos de Austria y Rusia no llegaron a Waterloo por falta de tiempo. La unión de las cuatro naciones hubiera creado una desproporción enorme de fuerzas y se hubiera repetido de nuevo la batalla de Leipzig donde Napoleón fue derrotado. El Emperador francés hubiera ganado tiempo pero no la guerra.
Tras la caída del Imperio Francés, Inglaterra obtiene carta blanca para su expansión marítima, ya nadie se opondrá a sus ansias de conquistas coloniales. A partir de Waterloo entramos de lleno en el Siglo XIX inglés con su edad de oro.
servido por moises
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31 Agosto 2008
Para Friedrich Nietzsche la pregunta ¿Qué hubiera pasado si tal no hubiera ocurrido? Era considerada de forma unánime de forma negativa; sin embargo para él era esta precisamente la pregunta fundamental. Para este existencialista si resulta interesante jugar con la historia, por ello es interesante analizar los errores o pequeñas claves que pudieron inclinar la balanza en la famosísima batalla de Waterloo. ¿Podría haber ganado Napoleón de no haberse producido tal hecho? ¿Qué peso tuvieron en el resultado final de la contienda?
Pero vayamos por partes y retrocedamos un poco en el tiempo antes de la batalla. Tras la entrada triunfal en París del emperador Napoleón, el entonces rey Luis XVIII abandona el país. La noticia corre como la pólvora por toda Europa y no tarda mucho en formarse una nueva coalición para detener al corso. Austríacos, Rusos, ingleses y prusianos comienzan a desplegarse en los Países Bajos. Mientras tanto Napoleón intenta detenerlos antes de que estos consigan unir todos sus ejércitos, por eso se produce la batalla y es tan importante.
La batalla de Waterloo incluye todos los combates que van desde los primeros combates entre franceses y prusianos el 15 de junio hasta la retirada final francesa tres días más tarde. La batalla fue bautizada por Wellington no sin cierta polémica con Blücher, general prusiano. Wellington tenía la tradición de nombrar a las batallas con el nombre del lugar donde había dormido la noche anterior a la misma, y este lugar había sido Waterloo. Un detalle menor en una confrontación que puso de nuevo en jaque a toda Europa.
Las claves de la derrota son tantísimas que merecerían por si sólas un tratado sobre este batalla como de hecho existen ya. Podríamos citar quizás los más conocidos. Napoleón no relegó a algunos de sus mejores mariscales a tareas políticas y administrativas además de haber muerto otros muchos. Finalmente confió el grueso de las operaciones a Michel Ney y Emmanuel de Grouchy. Resulta también un poco chocante la actitud del Emperador durante la batalla porque a diferencia de lo ocurrido en otras ocasiones en Waterloo delegó demasiado en sus subalternos por estar enfermo, dejando demasiadas cosas a la improvisación.
Estos y otros errores son los que de una forma descarnada y pura se consideran habitualmente como causas de la derrota pero existen dos teorías que desde el mismo fin de la guerra han hecho volar la imaginación de historiadores y estudiosos de las guerras napoleónicas.
La primera y más curiosa es para muchos autores decisiva, tanto que incluso tiene su propio nombre, “La teoría de los clavos”. Durante la batalla, las tropas francesas consiguieron hacerse con decenas de cañones británicos que permanecían en lo alto de una ladera. El botín era muy suculento porque de esta forma conseguían capturar unas armas con un alto poder destructivo y que además por su situación estaban haciendo mucho daño a las líneas francesas. Este golpe de efecto parecía inclinar la balanza del lado de francés así que solo era necesario inutilizar los cañones y continuar la lucha en otro lugar, para ello se introducían unos clavos por el oído del cañón y de esta forma el tubo por donde salía la bala quedaba totalmente inservible. Desgraciadamente para el bando napoleónico nadie llevaba consigo ni clavos ni martillos para clavar. Los británicos volvieron a contraatacar y recuperaron los cañones que además están perfectamente colocados en formación y listos para disparar. Al seguir estos en servicio volvieron a abrir fuego contra los franceses en retirada y causaron una auténtica matanza, sin los cañones el número de bajas en el contraataque hubiera sido insignificante.
¿Qué hubiera ocurrido si Napoleón hubiera contado con muchas más tropas y los ingleses sin la potencia de sus cañones? Algunos historiadores lo tienen claro, hubiera podido ganar o desde luego su derrota se hubiera pagado más cara.
servido por moises
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27 Agosto 2008
En el transcurso del gran viaje de Fernando de Magallanes para circunnavegar el globo, el intrépido portugués arribó a las costas de la isla de Guam el 6 de Marzo de 1521. A su llegada los habitantes de la isla, creyeron que los españoles también comerciaban como ellos y acudieron a su encuentro con mercancías. Tras comprobar las verdaderas intenciones de los exploradores robaron alguna de las naves y todo lo que pudieron saquear a su paso. Magallanes ordenó entonces tomar represalias contra la población autóctona de Guam, conocidos como chamorros, y bautizó al nuevo territorio como Islas de los Ladrones. Con la llegada a la isla del primer misionero, el jesuita Diego Luis de San Vitores rebautizó al archipiélago con el nombre de las Marinas en honor a la reina Mariana de Austria, viuda entonces del rey de España Felipe IV.
Poco más destacable puede mencionarse en la historia de este perdido enclave en el Pacífico durante los siglos posteriores. Las islas Marianas fueron siempre un lugar de para obligada en los viajes de los galones que cubrían la ruta Acapulco – Filipinas. De su valor estratégico da buena cuenta el contingente con el que EEUU se presentó ante la isla el 20 de Junio de 1898, en una operación enmarcada de la guerra Hispano-Estadunidense.
En el año en el que comienza el conflicto las posesiones españoles en Oceanía estaban totalmente abandonadas a su suerte. La presencia de tropas y españoles en las islas eran simplemente testimonial y los historiadores no dudan en hablar de total desidia, incompetencia militar e ineptitud política a la hora de defender las posesiones desde la Península. La conquista de Guam roza a partes iguales lo esperpéntico y lo cómico y es el perfecto ejemplo del nivel de inoperancia del mando español durante la guerra.
La isla de Guam tenía una pequeña guarnición compuesta por unos 60 hombres aproximadamente, una nimiedad dada el alto valor estratégico de la isla. El parque de artillería era aún más calamitoso, unos pocos cañones en pésimo estado que apenas se sostenían en pie y con más de un siglo de vida. De otra posesión española, Manila, partió la flotilla americana con refuerzos la toma Guam. Así comienza uno de los episodios más bochornosos de la historia militar española.
La mañana del 20 de Junio de 1898 aparecieron en la bahía Agaña, capital de la isla, cuatro buques guerra de la armada estadounidense. El General Juan Mariana del ejército español recibe la información de la presencia de un bue americano aproximándose a la costa y que ha realizado varios disparos de cañón a modo de saludo. Inmediatamente, soldados españoles acuden hacia el buque de guerra para en primer lugar disculparse por no haber recibido las salvas de rigor.
Al subir al crucero Charleston, son recibidos por el capitán del navío, Henry Glass que les invita a tomar asiento. Allí mismo, en una improvisada mesa instalada en la cubierta son informados de las intenciones americanas de tomar posesión de la isla por estar las dos naciones en guerra. Asombrados, los españoles respondieron que nada sabían, la última comunicación con el exterior databa del 14 de Abril y en ella no se informaba de ningún incidente con los EEUU. Efectivamente la guerra se había declarada oficialmente el 25 de Abril pero la escalada en la tensión entre ambos países venía de mucho antes. Como los soldados no habían acudido a rendir la isla, el capitán preguntó cuál era entonces el motivo de la visita, su sinceridad quedó entonces fuera de toda duda. Los españoles explicaron que creyeron estar siendo saludados por los americanos pero que no pudieron disparar los cañones de los fortines del puerto por tener estos más de un siglo y temer que al ser disparados tras tanto tiempo el salitre y el oxido hiciera que estos reventaran. Los americanos también fueron claros ante tanta honradez, ellos no conocían el estado de los cañones y sólo su mala puntería y la fortuna hizo que sus cañonazos no impactasen contra las defensas de España.
En vista de la situación, los españoles preguntaron cuáles eran las fuerzas con la que los americanos contaban para tomar la isla, la respuesta no pudo ser más contundente: Un crucero protegido, con más de 20 cañones y 600 hombres, tres transatlánticos de apoyo que además conducen una división del ejército americano al mando del General Anderson.
Tras ser informado en tierra firme el capitán Duarte sopesó la situación de la isla, sin hombres, fortificaciones y contra miles de soldados americanos, además como ni siquiera se les había comunicado el estado de guerra poco esperanza se podía tener en la llegada de refuerzos. Así pues a la mañana siguiente un bote con bandera blanca comunicó a Glass la rendición en treinta minutos de la isla. Esa misma mañana tuvo lugar el acto formal de ocupación con el izado de la bandera norteamericana. Los soldados españoles fueron llevados hechos prisioneros y llevados a borde los distintos barcos con destino a Filipinas. Así perdía tras casi cuatro siglos España la posesión de la isla, eso sí, como Estados Unidos no había dejado ninguna guarnición en la isla (se ve que adquirieron pronto las costumbres españoles de desatenderla) un grupo de civiles españoles retiró la enseña americana y volvió a colocar la española que seguiría ondeando hasta el fin de la contienda.
Diferente fue el caso de los héroes de Baler, más conocidos como los últimos de Filipinas. Durante casi un año un grupo de soldados españoles aguantó las envestidas de los insurgentes filipinos atrincherados en una Iglesia, desconocía en ese momento que la paz ya había sido firmada. En este tiempo aguantaron toda clase de penurias y enfermedades así como ataques constantes hasta que las fuerzas flaqueaban de tal manera que amenazaban con terminar con todo el regimiento. Finalmente capitularon y fueron recibidos por los propios sitiadores con toda clase de honores, después de su perseverancia y concepto del honor dejó a más de un enemigo asombrado. Lamentablemente a su vuelta a España no obtuvieron el reconocimiento merecido. De haber nacido en EEUU hoy estaríamos hablando de una historia superior al mítico Álamo.
De esta forma tan calamitosa finalizó la presencia española en Asia y el Pacífico, no es de extrañar por tanto que nos encontremos ante el “Desastre del 98”. Aunque no terminan aquí las lapsus de gestión de España. En la firma del Tratado de París que pone fin a la guerra con los Estados Unidos quedaron dos islas sin asignar, Cagayán y Sibutú. Ni siquiera España recordaba que formaban parte de sus posesiones de ultramar por lo que en 1900 hubo de firmarse otro nuevo Tratado de cesión.
servido por moises
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9 Diciembre 2007
Buscando un día en FNAC "El Arte de la Guerra" me encontré con varios libros que habían usado la inmortal obra de Sun Tzu para desarrollar diversos temas. Me parecía asombroso no ser capaz de encontrar en toda la tienda la obra original, tal y como el
genial estratega chino la había diseñado.
Lo bien que se puede aplicar El Arte de la Guerra a diferentes aspectos de la vida ha hecho que el original pase desapercibido así que me armé de paciencia y conseguí una copia de una buena traducción china, investigué su historia y su impacto en la concepción de la estrategia de diferentes campos para así dotarla de un buen prólogo. De esta forma he editado la mejor forma de adentrarse en el mundo de Sun Tzu, su libro
tal y como él lo escribió. Me parece un error intentar aplicar sus conocimientos
al Deporte, a la Economía o al Derecho sin haberlo leído primero como una
primera lectura relajada, más que fijando conceptos dejando como su lógica
aplastante te llegue directamente al cerebro a través de los ojos.
"El Arte de la Guerra constituye un caso único en la historia de la
literatura universal, diferentes generaciones han ido descubriendo el texto y
otorgándole distintas interpretaciones. La grandeza del libro estriba en que
aglutina en trece capítulos una inagotable fuente de distintas visiones para
casi cualquier ámbito de la vida. El Arte de la Guerra, transciende así su
cometido de tratado sobre estrategia militar y hoy se adentra en campos como la economía, la filosofía, las leyes o la psicología, cada lector extraerá algo positivo y único de su lectura lo que se otorga la categoría de obra maestra atemporal. Tras más de 2300 años desde su publicación, Sun Tzu y sus ideas siguen siendo igual de necesarias al ensañarnos que el arte de la guerra se basa en el engaño y el fin último de todo conflicto ha de ser someter al enemigo sin luchar."
VER LIBRO
servido por moises
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2 Octubre 2007
La Guerra de Crimea se desarrolló entre los años 1854 y 1856, pasando a la historia por muchos motivos. Supuso una nueva revolución al engranaje que sustentaba el sistema de contrapesos europeo, fue germen de las crisis que la casa Romanov, reinante en Rusia, y que ocurriría tiempo después y fue testigo del comienzo del ocaso austríaco y el nacimiento de la futura Alemania. Pero también como veremos, fue un ejemplo de falta de coordinación y de mal planteamiento.
Ya desde las luchas en las guerras Médicas entre las antiguas polis griegas y el todopoderoso Imperio Persa cualquier excusa es buena para declarar una guerra. La ambición y el ansia expansionista siempre estarán buscando cualquier recoveco, y esto fue lo que hizo el Zar de todas las Rusias.
En el Siglo XVIII estaba claro el desmoronamiento paulatino del Imperio Otomano. A diferencia de las potencias europeas su nivel de modernización había decaído y los tiempos de esplendor de la ciencia musulmana durante la Edad Media habían pasado a mejor recuerdo. No era de extrañar que pronto los países dominantes del viejo continente pusieran sus ojos en sus territorios. Tras la caída de Napoleón, y buscando un equilibrio total entre las naciones más fuertes de Europa, había que intentar mantener al muerto con vida, por eso, en lugar de darle la estocada mortal se consideraba más beneficios para todos mantener al decrepito Imperio con vida a base de ayudas y protección.
Por ello, Francia se convirtió en guardián de los Católicos Romanos que visitaran los Santos Lugares, por su parte Rusia haría lo mismo con los Cristianos Ortodoxos. La titularidad de dos iglesias tan importantes como la de la Natividad o el Santo Sepulcro no resultaba ser en aquel tiempo un tema menor, aunaba prestigio e imagen a ojos de la opinión pública; por ello, tras unas disputas entre ambas corrientes cristianas el Sultán intervino a favor de los monjes católicos que pasaron a controlar ambos lugares sagrados. El Zar tenía así su oportunidad de actuar.
En el año 1850 Rusia no tenía una buena salida al Mar Mediterráneo, debía atravesar para ello el Estrecho del Bósforo de sus bases en Crimea y ambos lados del Estrecho estaban controlados por los turcos. Una guerra expansiva le daría el control total sobre el Mar Negro, también podría ser la oportunidad para anexionarse territorios como Moldavia o Valaquia en poder otomano.
No de extrañar que el Zar Nicolás I actuara rápido entrando en territorio turco con la excusa de ayudar a las comunidades ortodoxas, además creía en la no intervención de las demás potencias por su ayuda durante las revoluciones liberales de 1848 donde Rusia acudió en ayuda de estos países.
Tras varios intentos negociados los demás Inglaterra y Francia no vieron más salida que declarar la guerra a Rusia y enviar tropas a la zona del conflicto.
No se puede decir que Napoleón inventase los trámites burocráticos pero sí que los perfeccionó, una administración eficiente era sinónimo de productividad en todos los ámbitos y el militar no era una excepción. Cuando las tropas inglesas y francesas desembarcan en territorio ruso deciden tomar un puerto cercano a Sebastopol, en Crimea, para operar más eficazmente desde él. Rápidamente emprendieron camino hacia Sebastopol, verdadera plaza fuerte, sin percatarse que sus mochilas estaban en los barcos de carga, barcos de carga que no tenían intención de volver hasta pasados seis meses. Abrumados por tal incompetencia logística, los soldados británicos y franceses estuvieron seis meses sin poder cambiarse de ropa, durmiendo con ella húmeda, como consecuencia de esta situación murieron más soldados por las enfermedades que por las balas rusas. El primer error se basó en un nuevo sistema de transporte, antiguamente un soldado jamás se hubiera separado de su mochila, pero lo peor estaba por llegar.
Como en toda guerra con Rusia apareció el General Invierno, la nueva era de la organización militar que tanto se cacareaba desde el Estado Mayor, hizo que los soldados no llevaran ropa de abrigo, según los mandos eso sería algo que en el momento adecuado se proporcionaría. El primer diciembre de la guerra permanecían retenidos en suelo ruso 9000 de los 12000 capotes fabricados, lo que provocó la muerte por congelación de algunos soldados, el motivo para no repartir más rápidamente el material eran las solicitudes administrativas que debían ser cumplimentadas con cada petición lo que convertía la lista de espera en un montón interminable de papeles, todo para evitar que un soldado tuviera por error dos capotes.
No fue único el problema con los capotes, los sacos de dormir llegaron a Rusia sin la paja necesario para usarla de relleno, con lo que prácticamente no servían de abrigo, lo que también se tradujo en la muerte de los caballos por la falta de forraje, seguía en vigor la mentalidad de las guerras de la Europa occidental donde un ejército podía abastecerse, o saquear normalmente, las poblaciones conquistadas.
Los demás fallos en equipación de los soldados británicos sólo podrían entenderse si el encargado de los mismos fuera el propio Nicolás I. El número de botas fabricado no se correspondía con el número que calzaban los soldados, al ser estas más pequeñas era literalmente imposible calzarse por lo que tuvieron que recurrir a robárselas a los soldados enemigos o compañeros caídos. Parece irónico aquellos que tuvieron que robar las botas fueron los que corrieron mejor suerte, la baja calidad de las suelas hacía que en el barro esta se desprendiera por lo que aquellos soldados que las usaban terminaban a las pocas semanas recorriendo el fango en calcetines.
Lo increíble de todas estas historias es que Inglaterra y sus aliados consiguieran en dos escasos años vencer a Rusia. Y no ocurrió antes la rendición por la cabezonería del Zar que constantemente se negaba a aceptar su derrota. Aunque el estratégico puerto de Sebastopol cayó en septiembre de 1855, los rusos no cedieron en la lucha hasta que Austria amenazó con declarar la guerra a Rusia.
La guerra de Crimea fue un desastre en cuanto a organización e intendencia, pero sobre todo fue un drama humano, el ejemplo más claro fue la llamada “Carga de la Brigada Ligera”, la caballería británica atacó por un error en las órdenes a una masa de cañones rusos en lugar de otros que partían en retirada; en campo abierto y sin obstáculos se produjo una auténtica carnicería, de 600 jinetes no sobrevivieron ni siquiera 200.
Hechos como este y los anteriormente descritos nos hablan de lo absurdo que resultó esta guerra, como en el fondo son casi todas las demás.
servido por moises
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17 Septiembre 2007
A comienzos del Siglo XVI los españoles comienzan a explorar las nuevas tierras descubiertas por Colón. En el año 1511 una flota al mando de Pedro de Valdivia regresa a la isla La Española (Santo Domingo), pero en el camino de vuelta naufragan delante de la costa del Yucatán. De toda la tripulación sólo 20 españoles consiguieron salvar su vida, entre ellos se encontraban el Capitán Valdivia, el fraile de la expedición y Gonzalo Guerrero.
Una vez en tierra firme deambularon durante días hasta que fueron hechos prisioneros por un cacique local de nombre Halach Uinik. La tribu maya decidió que los hombres blancos serían un excelente sacrificio para los dioses. Poco antes y gracias a un despiste de los captores el fraile Gerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero consiguen escapar y adentrase de nuevo en la selva. Sin conocimiento del terreno o de la situación política de la zona vuelven a ser capturados por otra tribu maya. El nuevo cacique local Xamanhá decide convertirlos en esclavos, salvándose de esta forma de ser inmolados a los dioses. El cautiverio parece ser ahora más llevadero y los dos españoles pueden demostrar rápidamente poseer unos conocimientos más avanzados en ingeniería. Pronto la fama de los hombres blancos se extendió por la zona y Gonzalo Guerrero fue entregado al jefe maya Nachan Can. En el nuevo poblado obtuvo mucho más libertad de movimientos y pronto se ganó la confianza del cacique y comenzó a conocer las costumbres y el idioma de sus anfitriones. En 1514 Guerrero tenía ya el estatus de nacom o jefe militar maya, estaba al frente de las milicias locales a los que adiestraba siguiendo tácticas europeas.
Poco a poco Gonzalo Guerrero comenzó a integrarse en el mundo maya, empezó a vivir y hablar como ellos. Los mayas se interesan por todo lo que Guerrero les cuenta convirtiéndose en el centro de atención y un personaje respetado. Su amigo Nachan Can le ofrece a su hija, de esta forma entra a formar parte de la nobleza indígena, sus hijos pueden considerarse los primeros mestizos de la historia de México.
Pero Guerrero sabía que a miles de kilométros de su apacible poblado se estaban preparando naves para conquistar las nuevas tierras. En 1519, Hernán Cortés desembarca en el continente para tomar las nuevas tierras en nombre de Castilla y su rey Carlos I, comenzaba así la conquista de México.
Hernán Cortés empezó a contactar con las poblaciones locales y así tuvo noticia de la existencia de hombres blancos que habían sido tomados como prisioneros por los mayas y algunos eran ahora esclavos de los mayas. Cortés ordenó inmediatamente partir en su búsqueda, pagar el rescate convenido y traerlos de vuelta. Por encima de razones humanitarias, Cortés sabía que estos españoles podían serle de mucha ayuda al aportar una valiosa información sobre los mayas a la hora de intentar conquistarlos por la diplomacia o por las armas.
El primer español con el que tuvieron contacto fue Fray Gerónimo de Aguilar, el fraile antes de volver con los suyos dirigió a Guerrero para contarle las últimas noticias y pedirle que regresara con él. Una vez ante el Gerónimo se encontró con un perfecto maya, Guerrero estaba casado y con hijos, además estaba perfectamente integrado en la comunidad. El fraile intentó razonar con él, exponerle que su lugar era entre los españoles y no entre unos salvajes, pero Guerrero había hecho su vida y se sentía uno más, era feliz y tenía pensando quedarse entre su gente. Contrariado, Gerónimo de Aguilar partió hacia la costa donde una nave la esperaba para llevarlo a la Española.
Al poco tiempo regresó con Hernán Cortés y le sirvió como traductor, además de ayudarle en su periplo por las selvas al conocer algo la zona.
No se sabe más sobre Guerrero en los siguientes años, Hernán Cortés terminaría conquistando el corazón del imperio azteca la ciudad de Tenochtitlan. Con los españoles ya asentados en tierra firme, se comienza a explorar e intentar extender el territorio conquistado, poco a poco, todos los países de Centroamérica van cayendo.
El 13 de agosto de 1536, en el Valle de Sula (Honduras), un grupo de nativos se prepara para una última batalla contra las fuerzas invasoras. Al frente de ellas Gonzalo Guerrero, transfigurado totalmente en un indio encuentra la muerte en el campo de batalla defiendo su nueva tierra, a la debe más lealtad que a su propia patria.
Tras vivir como un esclavo, terminó formando una familia y convirtiéndose en un auténtico maya, con mujer e hijos. El día de la batalla del Valle de Sula había alcanzado la categoría de cacique, su color de piel no le impidió ganarse el respeto y admiración del pueblo que sería aniquilado por sus antiguos compañeros.
servido por moises
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27 Agosto 2007
Según el Derecho Internacional, se denomina condominio a aquellos territorios cuya posesión es compartida por dos Estados o más.
Aunque no es una figura muy conocida si ha sido usada en múltiples ocasiones. Andorra tiene una doble jefatura de Estado compartida por el Obispo de Seo de Urgel (España) y el Presidente de Francia, a los que se denomina copríncipes. Más allá de lo anecdótico, los condominios fueron muy utilizados durante la Primera Guerra Mundial por Francia e Inglaterra, de esta forma ambos poseían colonias por todo el mundo que podían servir de abastecimiento sin distinción para ambos países.
No necesariamente tienen que ser forzosamente 2 Estados. En 1925 Tánger se encontraba bajo soberanía de España, Estados Unidos, Bélgica, Países Bajos, Reino Unido, Francia, Portugal, Italia y la Unión Soviética, no es de extrañar la consideración de la ciudad como ciudad abierta al mundo.
España tiene el honor, junto con Francia, de poseer el condominio más pequeño del mundo, la Isla de los Faisanes. Situada cerca de la desembocadura del río Bidasoa que sirve como frontera con Francia, su soberanía es compartida por períodos de 6 meses. En ellos, cada país debe velar por el mantenimiento.
La isla resultó muy útil antaño. En la isla de los Faisanes, España y Francia intercambiaron prisioneros, se convirtió de esta forma en tierra neutral entre ambos países, los cuáles fueron durante muchos siglos enemigos irreconciliables. Durante mucho tiempo, las infantas, tanto españolas como francesas, fueron conducidas hasta la isla donde una escolta del país receptor las acompañaría hasta su nuevo destino. Quizás el hecho más transcendental que ocurrió en la isla fue la firma del tratado de la Paz de los Pirineos, con él, se ponía fin a la Guerra de los Treinta Años.
Tras la paz de los Pirineos empezó un rápido declive de España. Portugal dejó de formar parte del Imperio español al declararse independiente y la familia Braganza toma el control del país luso, además Francia conseguía el Condado del Rosellón tras estar unido 5 siglos al destino del Reino de Aragón. Tras esta paz firmada en la isla de los Faisanes, Francia se convertía en la potencia hegemónica en Europa.
Una vez, esa pequeña isla de apenas 2000 metros cuadrados situada en Fuenterrabía, sirvió como escenario para un nuevo acuerdo entre Francia y España, pero a diferencia de otros episodios de la historia de los dos países, no impuso España su paz.
servido por moises
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19 Agosto 2007

Filipo de Macedonia, padre de Alejandro Magno, ordenó transpostar los víveres y las armas en carros especialmente acondicionados para ellos. De esta forma rompía con la costumbre de ver como esa labor era llevada a cabo los criados. Fue sin duda un punto de inflexión, al que seguro su hijo debería estar muy agradecido. Pero deberíamos esperar dos siglos más para asistir a una gran revolución en los usos y costumbres militares.
Nada podía hacernos presagiar que la carrera política de Cayo Mario dejaría una honda huella en la civilización occidental. Cuando llega al ocupar el puesto de Cónsul romano, el pueblo tenía grandes esperanzas en él.
Una larga guerra de dos años en África, estaba desgastando al ejército y cansado a la población de la capital. Dos años sin perder ninguna batalla pero sin conseguir derrotar al Rey de Numidia. En este clima Mario llega al poder. Consciente de que la República necesita refuerzos pero los ciudadanos elegibles son muy pocos debido a las sangrías de las guerras anteriores, era hora de actuar.
En el año 107 A.C Cayo Mario inicia las reformas que transformaría totalmente la estructura militar para la posteridad. Su misión al principio no era otra más que derrotar al actual enemigo de Roma, pero su reforma de gran calado removió totalmente los cimientos de la sociedad romana.
Antes de poner patas arriba a los cimientos del ejército encargado de defender la República romana, los requisitos para formar parte del ejército era muy exigentes. Podían formar parte del ejército los miembros de de la quinta clase del censo o superior y se debían de tener propiedades valoradas en al menos 3000 sestercios (un obrero ganaba al año unos 1000 sestercios). Además, al no ser el ejército una institución estable cada soldado debía aportar su propio armamento. Aunque en efecto era una dura carga, también los antiguos romanos veían esto como una obligación moral a la vez que un gran honor.
Cuando una amenaza se cernía sobre Roma, los cónsules reclutaban de entre la población a los ciudadanos que podían ser soldados. Forman la hueste en su mayor parte los voluntarios que el cónsul era capaz de conseguir.
La primera medida tomada por Mario fue la obligación de servir a la patria de las personas sin tierra ni propiedades, estás por fin podrían alistarse. Lógicamente eran personas pobres, labradores o pequeños arrendatarios que no podían costearse sus propias armas. Desde Mario, el Estado suministraría armas, si bien al principio pasarían a manos de los propietarios que deberían pagarlas a plazos.
Mario también creía que Roma debería tener un ejército estable, no era buena idea formar uno al sentirse la ciudad amenazada. Se convertía así la vida militar en una salida profesional para los estratos más bajos de la sociedad romana. Este particular contrato de trabajo se suscribía por 25 años.
Las razones de Mario no sólo eran militares, también económicas. En las que guerras que la primigenia Roma llevaba a cabo, terminaba quedándose en el campo de batalla toda la clase media. No morir en batalla no suponía un alivio económico, al volver a casa sus campos o negocios habían estado sin atender.
También debemos a Mario mucha de la parafernalia militar, algo que los regímenes totalitarios del siglo XX supieron imitar a la perfección.
El águila constituía un símbolo, un objeto a defender con la vida. No es de extrañar que en tiempos del emperador Augusto, la pérdidas de estos tres símbolos militares causara una gran depresión al “primero de los ciudadanos”.
Al ser ahora el Estado suministrador del ejército, podían sentarse las bases del armamento a usar. Escudos, jabalinas o armas cortas eran ahora iguales y se intentaba que estuvieran todos en perfecto estado, además de ser más fácilmente reemplazables. Las nuevas legiones romanas entrenaban durante todo el año, ya no eran ciudadanos sin ninguna experiencia inexpertos en el campo de batalla.
La condición física de los soldados y su disciplina militar hacían de este momento a las legiones el mejor ejército de la antigüedad.
Hasta las reformas, un ciudadano romano regresaba a su casa e intentaba continuar con su vida a la espera de volver a ser llamado a filas. A partir de ahora los soldados jubilados recibirían una pensión vitalicia y tierras en alguna zona conquistada. Para los más pobres, el ejército lo era todo. Además de tener una salida para la miseria, podían conseguir en el campo de batalla el reconocimiento que en el sistema clasista romano les negaba. Incluso a los habitantes de la península itálica que no eran ciudadanos romanos, podían sirviendo en el ejército alcanzar la plena ciudadanía. Tras la batalla de
Cuando Mario terminó la que él mismo calificó como la gran obra de su vida. Roma había sentado las bases de su futuro dominio militar. El cónsul no necesitaba reclutar a ciudadanos mal armados y sin experiencia, muchos de ellos indolentes e indisciplinados. Con las tierras otorgadas a los veteranos, Roma se aseguraba población fiel en los territorios conquistados.
Pero también abrió la caja de Pandora. Los generales romanos constituían ahora un nuevo poder en Roma. Al terminar las contiendas se negarán en el futuro a entregar el poder convirtiéndose en caudillos de un ejército personal a su servicio, este sería el germen de las posteriores guerras civiles que asolarían la República y terminaría con ella.
servido por moises
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