Categoría: a41 -____Curiosidades de la Historia
20 Agosto 2009
En el año 1850 fue fundada en Liverpool la White Star Line con la idea de dedicarse al negocio del transporte entre Gran Bretaña y Australia. Tras un incidente con uno de sus barcos, el Tayleur, la White Star Line pone sus ojos en el transporte de pasajeros entre Liverpool y Nueva York, una excelente oportunidad de hacer dinero por la excesiva demanda que en ese momento existía en la costa Este de inmigrantes europeos.
Ya en 1902 la empresa es adquirida por el americano J.P. Morgan que llega a la compañía con nuevas ideas y sobre todo la intención de catapultar a la empresa a lo más alto del mercado del transporte de pasajeros. Es ahora cuando entra en escena Thomas Andrews Jr. Ya en 1907 había comenzado con los planes para crear una serie de barcos de gran capacidad para la White Star Line, la serie Olympic. El primero de esos tres barcos recibiría el nombre de Olympic y fue botado el 20 de Octubre de 1910, mientras su hermano gemelo, el Titanic estaba al 30% de su construcción. El Olympic fue en su tiempo el barco más imponente y grande del mundo, título que perdió y volvió a recuperar tras el hundimiento de su hermano el Titanic.
Toca ahora hablar de una mujer cuya existencia no pasaría jamás a la historia sino fuera por los avatares del destino que la obligan a estar en el peor lugar en el momento más equivocado. Violet Jessop nacida en Argentina pero de ascendencia británica era la mayor de cinco hermanos, durante su infancia una turberculosis estuvo a punto de terminar con su; aunque los médicos no eran muy optimistas el cielo tuvo que esperar. Tras la muerte de su padre regresa a Inglaterra donde comienza a trabajar camarera para la White Star Line aunque como siempre reconoció, se mareaba con frecuencia y no le gustaba el mar.
Uno de los primeros destinos de Violet Jessop fue para formar parte de la tripulación del Olympic. Realizando las tareras propias de su puesto, el 20 de septiembre de 1911 la nave choca contra un crucero británico, el Hawke, por culpa del barco de pasajeros, por suerte no hubo que lamentar la pérdida de ninguna vida humana aunque el choque dejó tocados a ambos barcos. Violet seguía confiando en su suerte después del susto.
Con el Titanic ya terminado, el barco más lujoso del mundo preparó su viaje inaugural para zarpar en Abril de 1912, no sin antes estar a punto de chocar con el crucero Hawke como sí había hecho su hermano el Olimpic. Debido a su experiencia Violet fue seleccionada para embarcarse en el Titanic y el 14 de Abril estaba durmiendo en su camerino cuando el gigante de los mares colisionó contra un iceberg. La joven pudo llegar hasta un bote salvavidas donde organizó junto con sus compañeras la evacuación de los pasajeros.
Mientras era evacuada en el bote un oficial del barco le entregó un bebé abrigado por una manta. Desde su bote pudo ver como el Titanic era tragado literalmente por el océano Atlántico y tras una tensa espera de ocho horas fueron rescatados por el Carpathia. Al abandonar el barco una mujer le arrebató al bebé y se fue corriendo con él. Según explicaría Violet más tarde, la mujer debió dejar un momento el barco en la cubierta y cuando regresó el oficial se lo había entregado ya a ella. En todo caso, la presunta madre huyó tan rápido del lugar que no fue capáz ni de agradecerle el hecho de haberlo tenido apretado fuertemente contra su pecho durante horas para no evitarle una hipotermia. De cualquier modo la camarera del Titanic podía estar agradecida a los cielos, esta vez el barco de Violet se había hundido pero ella había sobrevivido, la muerte le había pasado de nuevo muy cerca.
Tras la gran tragedia del Titanic que conmocionó al mundo entero, la línea Olympic recibió una nueva creación, en este caso se trataba del Britannic. Aunque su nombre original era el Gigantic los dueños decidieron cambiarlo por su parecido al malogrado Titanic. En esencia el Britannic era una versión mejorada de este en cuanto a medidas de seguridad, además de reforzarse el casco poseía espacio para los grandes responsables de la tragedia del segundo hijo de la línea Olympic, los botes salvavidas.
El Britannic no llegó a transportar pasajeros, con el comienzo de la Primera Guerra Mundial, la armada británica requisó el navío y fue transformado en un impresionante barco hospital. Al ser mayor que el Titanic pudo albergar hasta 3.300 camas hospitalarias. Nuevamente Violet Jessop ocupó un papel en esta historia, esta vez trabajando como enfermera de la Cruz Roja.
A finales de 1915 el Britannic fue destinado al Mediterráneo Oriental en la zona cercana a la turca península de Gallipoli a la entrada de los Dardanelos donde se libró una de las más sangrientas batallas de toda la primera Guerra Mundial. De haber triunfado los aliados occidentales hubieran podido conseguir acceso al Mar Muerto para suministrar armas a Rusia. Las últimas estimaciones hablan de más de 300.000 soldados muertos o heridos por parte del bando aliado y una cifrar similar por parte de los otomanos.
En este contexto la tarea del Britannic sería de la evacuar al máximo número de heridos para trasladarlos hasta la cercana Grecia. Según el “ius in bello” o reglas de la guerra, el buque británico podría realizar sus tareas de salvamento sin miedo a ser atacado por otro navío siempre y cuando se utilizara exclusivamente como embarcación de salvamento, no pudiendo trasportar ni refuerzos ni suministros sino quería ser atacado. Lamentablemente un mando austríaco comunicó a sus superiores que el Britannic estaba embarcando tropas en Egipto. Este fue el detonante de su posterior ataque. En menos de 45 minutos el mediterráneo fue testigo del hundimiento del hermano mayor del Titanic, aunque en el momento de su hundimiento se encontraba sin heridos en su interior un incidente en la evacuación de los botes salvadidas con las hélices del barco ocasionó 30 muertos y varios heridos, entre los más graves estaba Violet que fue golpeada con un bote y perdió el conocimiento; antes de que su cuerpo inerte se hundiera totalmente pudo ser rescatada y llevada a tierra donde sólo hubo que realizarle unos cuantos puntos de sutura.
Las verdaderas causas o motivos del hundimiento del Britannic se mueven de nuevo entre la bruma de la leyenda. En primer lugar se desconoce si fue atacado por una submarino alemán o chocó con una mina abandonada, otra polémica es que, de haber sido un ataque de las potencias centrales, el motivo no fue como represalia por no respetar las normas de la guerra sino para eliminar un futuro competidor en el negocio del trasporte de pasajeros a América al acabar la guerra. A día de hoy sigue sin conocerse la causa exacta y todo son elucubraciones.
Violet Jessop vio terminar la guerra alejada ya de la primera línea del conflicto, atrás había dejado sus años de servicio primero en el Olympic, luego en el Titanic y finalmente en el Britannic, sobreviendo a todos los incidentes que a lo largo de su vida habían sufrido estos tres transatlánticos. El primero de ellos el Olympic todavía seguía en servicio y como si de una maldición se tratara buscó de nuevo intentar emular el destino de sus hermanos mayores, el fondo del mar.
Como parte de esta condena a la línea Olympic, Violet tenía que ocupar su lugar volviendo de nuevo a formar parte de la tripulación del primero de la serie. El Olympic realizaba la línea de transporte con Nueva York hasta que en 1934 y por culpa de la espesa niebla colisionó con el barco-faro Nantucket. Producto del choque el Nantucket se partió a la mitad y murieron siete de sus once tripulantes, en esta ocasión el caso del Olympic aguantó y no terminó hundiéndose. De nuevo Violet Jessop llegó sana y salva a la costa, preguntándose de nuevo si debía o no seguir dedicada a cualquier actividad que tuviera que ver con el mar.
Aunque las medidas de seguridad no eran las mismas que en la actualidad, los choques y hundimientos de barcos no ocurrían con tantísima frecuencia; de la línea Olimpic se habían hundido ya dos barcos y el que llevaba el nombre de la serie parecía destinado a seguir el mismo camino aunque hasta ahora solo el azar lo había impedido, justamente lo contrario que habría ocurrido con los otros dos. Existían rumores en la White Star Line de la maldición de la clase Olypmic ¿Sería el momento de deshacerse del primero de ellos? En Marzo de 1935, tras 24 años de servicio, con muchas historias y daños a sus espaldas fue retirado del servicio y vendido por 100.000 libras a Sir John Javir para su desguace. Como si existiera una conexión, ese mismo año la White Star Line fue absorbida por su competidora la naviera Cunard debido a sus graves problemas financieros.
Quién no quiso retirarse fue Violet que siguió trabajando en otras empresas realizando servicios en cruceros hasta 1950, eso sí, sin demasiados incidentes. Murió en su casa de Suffolk (Inglaterra) en 1971 de un ataque al corazón. Cuentan sus allegados que una noche en su casa descolgó el teléfono y alguien le preguntó si era ella Violet Jessop, la mujer que hacía 50 años había salvado un bebe en el Titanic, al preguntar Violet por la identidad de la persona esta simplemente contestó “Yo soy ese bebe” colgando después el teléfono. Violet escribió una biografía donde cuenta como ella no había contado jamás aquella historia a nadie.
servido por moises
1 comentario
compártelo
4 Septiembre 2008
La otra historia que pudo cambiar el rumbo de la batalla fue magistralmente explicada por el premio Nobel polaco Stefan Zweig en sus “Momentos estelares de la humanidad”. Antes y durante la batalla la obsesión de Napoleón fue impedir que los ejércitos prusianos e ingleses se unieran para combatir juntos contra las tropas francesas. Para impedirlo decidió separar a una parte de sus tropas para que salieran al paso del ejército prusiano que intentaba unirse a las tropas inglesas. Al mando de este importante destacamento coloca a Emmanuel de Grouchy. Un jefe de caballería muy experimentado y curtido en mil batallas aunque sin dotes de liderazgo. Ante la falta de de sus grandes estrellas para el mando Napoleón confía en Grouchy, un hombre ante todo sensato y de confianza.
Rápidamente le son entregadas las órdenes el 17 de Junio. El Emperador combatirá a Wellington y él perseguirá a los prusianos. Y vaya si realizó su tarea, a la mañana siguiente reciben la confirmación de que se están produciendo combates entre Napoleón y las tropas inglesas. Grouchy es un mar de dudas ¿Debe ir en ayuda de su Emperador o continuar cumpliendo sus órdenes y encontrar a los prusianos? Su oficiales lo tienen claro, debe ayudar a la otra parte del ejército francés que seguramente estará en apuros. Grouchy nunca había tenido iniciativa y en un momento en el que la historia es testigo de sus actos decide comportarse igual que siempre, no cambiará sus planes.
En la mañana decisiva Napoleón ordena a Grouchy regresar pero sus enviados son incapaces de dar con él. Aliviado observa más tarde como un ejército se dirige contra los ingleses, por fortuna parece que Grouchy ha infligido sus órdenes y acude en su rescate, justo lo que en ese momento requería la situación. La lluvia hace acto de presencia en el escenario de la batalla y Bonaparte se da cuenta que no son sus tropas sino las de Von Blücher, el general prusiano ¿Dónde está Grouchy?
Durante toda el día Grouchy ha intentado salir al encuentro de los prusianos, finalmente el día 19 Junio logra atacarlos por su retaguardia. Asombrados por sus dotes de mando, los oficiales que días antes le habían pedido volver al lado de Napoleón agachan la cabeza. Tras su victoria contra los prusianos buscan contactar con su Emperador para darle la buena nueva. Pálidos comprobaran que la gran batalla de Waterloo había terminado el día anterior con la total derrota del ejército de Francia, los prusianos habían conseguido contactar con los ingleses y juntos habían derrotado al gran estratega francés. Grouchy había cometido un grave error al no dar la vuelta y aún cumpliendo su misión había fracasado estrepitosamente, ni siquiera su gran victoria de ese día tendrá algún efecto.
Estos dos detalles podrían haber cambiado el rumbo de la batalla pero quizás no el de la historia. La victoria de Napoleón sobre las tropas inglesas y prusianas no habría hecho más que retardar su fin. Los ejércitos de Austria y Rusia no llegaron a Waterloo por falta de tiempo. La unión de las cuatro naciones hubiera creado una desproporción enorme de fuerzas y se hubiera repetido de nuevo la batalla de Leipzig donde Napoleón fue derrotado. El Emperador francés hubiera ganado tiempo pero no la guerra.
Tras la caída del Imperio Francés, Inglaterra obtiene carta blanca para su expansión marítima, ya nadie se opondrá a sus ansias de conquistas coloniales. A partir de Waterloo entramos de lleno en el Siglo XIX inglés con su edad de oro.
servido por moises
1 comentario
compártelo
31 Agosto 2008
Para Friedrich Nietzsche la pregunta ¿Qué hubiera pasado si tal no hubiera ocurrido? Era considerada de forma unánime de forma negativa; sin embargo para él era esta precisamente la pregunta fundamental. Para este existencialista si resulta interesante jugar con la historia, por ello es interesante analizar los errores o pequeñas claves que pudieron inclinar la balanza en la famosísima batalla de Waterloo. ¿Podría haber ganado Napoleón de no haberse producido tal hecho? ¿Qué peso tuvieron en el resultado final de la contienda?
Pero vayamos por partes y retrocedamos un poco en el tiempo antes de la batalla. Tras la entrada triunfal en París del emperador Napoleón, el entonces rey Luis XVIII abandona el país. La noticia corre como la pólvora por toda Europa y no tarda mucho en formarse una nueva coalición para detener al corso. Austríacos, Rusos, ingleses y prusianos comienzan a desplegarse en los Países Bajos. Mientras tanto Napoleón intenta detenerlos antes de que estos consigan unir todos sus ejércitos, por eso se produce la batalla y es tan importante.
La batalla de Waterloo incluye todos los combates que van desde los primeros combates entre franceses y prusianos el 15 de junio hasta la retirada final francesa tres días más tarde. La batalla fue bautizada por Wellington no sin cierta polémica con Blücher, general prusiano. Wellington tenía la tradición de nombrar a las batallas con el nombre del lugar donde había dormido la noche anterior a la misma, y este lugar había sido Waterloo. Un detalle menor en una confrontación que puso de nuevo en jaque a toda Europa.
Las claves de la derrota son tantísimas que merecerían por si sólas un tratado sobre este batalla como de hecho existen ya. Podríamos citar quizás los más conocidos. Napoleón no relegó a algunos de sus mejores mariscales a tareas políticas y administrativas además de haber muerto otros muchos. Finalmente confió el grueso de las operaciones a Michel Ney y Emmanuel de Grouchy. Resulta también un poco chocante la actitud del Emperador durante la batalla porque a diferencia de lo ocurrido en otras ocasiones en Waterloo delegó demasiado en sus subalternos por estar enfermo, dejando demasiadas cosas a la improvisación.
Estos y otros errores son los que de una forma descarnada y pura se consideran habitualmente como causas de la derrota pero existen dos teorías que desde el mismo fin de la guerra han hecho volar la imaginación de historiadores y estudiosos de las guerras napoleónicas.
La primera y más curiosa es para muchos autores decisiva, tanto que incluso tiene su propio nombre, “La teoría de los clavos”. Durante la batalla, las tropas francesas consiguieron hacerse con decenas de cañones británicos que permanecían en lo alto de una ladera. El botín era muy suculento porque de esta forma conseguían capturar unas armas con un alto poder destructivo y que además por su situación estaban haciendo mucho daño a las líneas francesas. Este golpe de efecto parecía inclinar la balanza del lado de francés así que solo era necesario inutilizar los cañones y continuar la lucha en otro lugar, para ello se introducían unos clavos por el oído del cañón y de esta forma el tubo por donde salía la bala quedaba totalmente inservible. Desgraciadamente para el bando napoleónico nadie llevaba consigo ni clavos ni martillos para clavar. Los británicos volvieron a contraatacar y recuperaron los cañones que además están perfectamente colocados en formación y listos para disparar. Al seguir estos en servicio volvieron a abrir fuego contra los franceses en retirada y causaron una auténtica matanza, sin los cañones el número de bajas en el contraataque hubiera sido insignificante.
¿Qué hubiera ocurrido si Napoleón hubiera contado con muchas más tropas y los ingleses sin la potencia de sus cañones? Algunos historiadores lo tienen claro, hubiera podido ganar o desde luego su derrota se hubiera pagado más cara.
servido por moises
sin comentarios
compártelo
27 Agosto 2008
En el transcurso del gran viaje de Fernando de Magallanes para circunnavegar el globo, el intrépido portugués arribó a las costas de la isla de Guam el 6 de Marzo de 1521. A su llegada los habitantes de la isla, creyeron que los españoles también comerciaban como ellos y acudieron a su encuentro con mercancías. Tras comprobar las verdaderas intenciones de los exploradores robaron alguna de las naves y todo lo que pudieron saquear a su paso. Magallanes ordenó entonces tomar represalias contra la población autóctona de Guam, conocidos como chamorros, y bautizó al nuevo territorio como Islas de los Ladrones. Con la llegada a la isla del primer misionero, el jesuita Diego Luis de San Vitores rebautizó al archipiélago con el nombre de las Marinas en honor a la reina Mariana de Austria, viuda entonces del rey de España Felipe IV.
Poco más destacable puede mencionarse en la historia de este perdido enclave en el Pacífico durante los siglos posteriores. Las islas Marianas fueron siempre un lugar de para obligada en los viajes de los galones que cubrían la ruta Acapulco – Filipinas. De su valor estratégico da buena cuenta el contingente con el que EEUU se presentó ante la isla el 20 de Junio de 1898, en una operación enmarcada de la guerra Hispano-Estadunidense.
En el año en el que comienza el conflicto las posesiones españoles en Oceanía estaban totalmente abandonadas a su suerte. La presencia de tropas y españoles en las islas eran simplemente testimonial y los historiadores no dudan en hablar de total desidia, incompetencia militar e ineptitud política a la hora de defender las posesiones desde la Península. La conquista de Guam roza a partes iguales lo esperpéntico y lo cómico y es el perfecto ejemplo del nivel de inoperancia del mando español durante la guerra.
La isla de Guam tenía una pequeña guarnición compuesta por unos 60 hombres aproximadamente, una nimiedad dada el alto valor estratégico de la isla. El parque de artillería era aún más calamitoso, unos pocos cañones en pésimo estado que apenas se sostenían en pie y con más de un siglo de vida. De otra posesión española, Manila, partió la flotilla americana con refuerzos la toma Guam. Así comienza uno de los episodios más bochornosos de la historia militar española.
La mañana del 20 de Junio de 1898 aparecieron en la bahía Agaña, capital de la isla, cuatro buques guerra de la armada estadounidense. El General Juan Mariana del ejército español recibe la información de la presencia de un bue americano aproximándose a la costa y que ha realizado varios disparos de cañón a modo de saludo. Inmediatamente, soldados españoles acuden hacia el buque de guerra para en primer lugar disculparse por no haber recibido las salvas de rigor.
Al subir al crucero Charleston, son recibidos por el capitán del navío, Henry Glass que les invita a tomar asiento. Allí mismo, en una improvisada mesa instalada en la cubierta son informados de las intenciones americanas de tomar posesión de la isla por estar las dos naciones en guerra. Asombrados, los españoles respondieron que nada sabían, la última comunicación con el exterior databa del 14 de Abril y en ella no se informaba de ningún incidente con los EEUU. Efectivamente la guerra se había declarada oficialmente el 25 de Abril pero la escalada en la tensión entre ambos países venía de mucho antes. Como los soldados no habían acudido a rendir la isla, el capitán preguntó cuál era entonces el motivo de la visita, su sinceridad quedó entonces fuera de toda duda. Los españoles explicaron que creyeron estar siendo saludados por los americanos pero que no pudieron disparar los cañones de los fortines del puerto por tener estos más de un siglo y temer que al ser disparados tras tanto tiempo el salitre y el oxido hiciera que estos reventaran. Los americanos también fueron claros ante tanta honradez, ellos no conocían el estado de los cañones y sólo su mala puntería y la fortuna hizo que sus cañonazos no impactasen contra las defensas de España.
En vista de la situación, los españoles preguntaron cuáles eran las fuerzas con la que los americanos contaban para tomar la isla, la respuesta no pudo ser más contundente: Un crucero protegido, con más de 20 cañones y 600 hombres, tres transatlánticos de apoyo que además conducen una división del ejército americano al mando del General Anderson.
Tras ser informado en tierra firme el capitán Duarte sopesó la situación de la isla, sin hombres, fortificaciones y contra miles de soldados americanos, además como ni siquiera se les había comunicado el estado de guerra poco esperanza se podía tener en la llegada de refuerzos. Así pues a la mañana siguiente un bote con bandera blanca comunicó a Glass la rendición en treinta minutos de la isla. Esa misma mañana tuvo lugar el acto formal de ocupación con el izado de la bandera norteamericana. Los soldados españoles fueron llevados hechos prisioneros y llevados a borde los distintos barcos con destino a Filipinas. Así perdía tras casi cuatro siglos España la posesión de la isla, eso sí, como Estados Unidos no había dejado ninguna guarnición en la isla (se ve que adquirieron pronto las costumbres españoles de desatenderla) un grupo de civiles españoles retiró la enseña americana y volvió a colocar la española que seguiría ondeando hasta el fin de la contienda.
Diferente fue el caso de los héroes de Baler, más conocidos como los últimos de Filipinas. Durante casi un año un grupo de soldados españoles aguantó las envestidas de los insurgentes filipinos atrincherados en una Iglesia, desconocía en ese momento que la paz ya había sido firmada. En este tiempo aguantaron toda clase de penurias y enfermedades así como ataques constantes hasta que las fuerzas flaqueaban de tal manera que amenazaban con terminar con todo el regimiento. Finalmente capitularon y fueron recibidos por los propios sitiadores con toda clase de honores, después de su perseverancia y concepto del honor dejó a más de un enemigo asombrado. Lamentablemente a su vuelta a España no obtuvieron el reconocimiento merecido. De haber nacido en EEUU hoy estaríamos hablando de una historia superior al mítico Álamo.
De esta forma tan calamitosa finalizó la presencia española en Asia y el Pacífico, no es de extrañar por tanto que nos encontremos ante el “Desastre del 98”. Aunque no terminan aquí las lapsus de gestión de España. En la firma del Tratado de París que pone fin a la guerra con los Estados Unidos quedaron dos islas sin asignar, Cagayán y Sibutú. Ni siquiera España recordaba que formaban parte de sus posesiones de ultramar por lo que en 1900 hubo de firmarse otro nuevo Tratado de cesión.
servido por moises
sin comentarios
compártelo
13 Agosto 2008
Un 17 de Mayo del año 1886 venía al mundo Alfonso XIII, meses antes había muerto su padre sin llegar a conocerlo víctima de la tuberculosis. El hijo póstumo de Alfonso XII vivió el desastre el 98 sin haber llegado aún al poder, tuvo que esperar a 1902 para con 16 años ser declarado mayor de edad y asumir las funciones constitucionales del Jefe de Estado.
No tardía mucho Alfonso XIII en ser requerido para ejercer sus deberes como soberano de los españoles entre los que se encontraban uno muy importante, casarse. Y la cuestión resultaba de vital importancia, su padre había muerto con 27 años, sus otras dos hermanas María de las Mercedes y María Teresa habían fallecido con 24 y 30 años respectivamente, parecía como si existiera un componente hereditario en la frágil salud de los Borbones. Ante este panorama urgía la llegada de sucesores, el Siglo XVIII vio la llegada de la Casa Borbón al trono español tras la muerte sin descendencia de Carlos II y la consecuente Guerra de Sucesión, en el XIX la muerte sin descendiente varón de Fernando VII trajo consigo las Guerras Carlistas de las que aún a principios del Siglo XX quedaban rescoldos, debía evitarse que el nuevo Siglo hiciera renacer de nuevo los viejos fantasmas de las Guerra Sucesorias.
El 17 de mayo de 1904 coincidiendo con su 18 cumpleaños una comisión de diputados felicitó al Monarca recordándole de paso la urgencia de su boda y negándose éste en rotundo a una boda que no fuera por amor. En aquella época lo habitual eran los noviazgos entre la realeza previos a que los futuros contrayentes se conociesen siquiera. Por este motivo desde hacía tiempo se estaba trabajando en buscar una buena candidata para el Rey.
Desde el principio se establecieron dos caminos. Por un lado el marcado por la madre del Rey y hasta hacía poco Regente María Cristina de Habsburgo, partidaria de encontrar una princesa alemana como ella, con lazos familiares y católica. El Gobierno en cambio se decantaba más por buscar una inglesa que acercara a España a la primera potencia mundial en ese momento.
Como la Reina Madre llevaba tiempo intentando ser apartada de la vida política su opinión tuvo muy poco peso. El entonces Ministro de Exteriores el Marqués de Villaurrutia eligió como futura reina de España a la princesa Patricia de Connaught, nieta del rey Eduardo VII. En un viaje oficial a Inglaterra programado para tal efecto, Alfonso conoció a la princesa. Lamentablemente esta se hallaba locamente enamorada de otro por lo que la relación no pudo prosperar. Habría que sumar a esto el hecho de que Alfonso XIII no era especialmente agraciado, a diferencia de su padre, él había heredado los rasgos de su madre, la cuál era muy poco atractiva.
Tras este pequeño o gran traspiés depende como se mire, Alfonso fue el invitado de honor de una cena de gala en el palacio de Buckingham, allí conoció a Victoria Eugenia de Battemberg, nieta de la reina Victoria y sobrina de Eduardo VII. Como su padre se había casado con una condesa ella carecía en ese momento de tratamiento de Alteza Real, nada que no pudiera solucionarse más adelante. Ena para los amigos, tenía los ojos azules y el pelo prácticamente blanco además de ser muy agraciada de cara, tras los primeros contactos en la cena comienzan a cartearse.
No pondremos en duda el amor a primera vista que pudo sentir Victoria Eugenia por Alfonso XIII, desde luego no se puede negar que era lo que se llama un buen partido. De golpe, Ena podría encontrarse no sólo con recuperar el honor de su familia maltrecho tras la boda de su padre con su madre, sino que además optaría al título de Reina de España. Pero como siempre en los matrimonios de Estado se organizaron dos bandos, los que apoyaban la relación y los que intentarían a toda costa ponerle trabas. Gracias a la campaña orquestada por el ABC Victoria Eugenia era ya la candidata favorita por los españoles, en cambio el Ministro de Exteriores no olvidó con facilidad la humillación de Patricia de Connaught y mandaba constantemente informes en contra de la nueva novia del Rey. La madre y la hermana del Rey estaban también en contra de la relación, suspiraban porque Alfonso entrara en razón y realizara una gira por Austria y Alemania en busca de una princesa católica. Y es que el mayor fallo de Ena no era que no tuviera el suficiente rango real o que era portadora de la hemofilia (algo que traería gravísimas consecuencias en la saluda de sus descendientes) sino el hecho de ser protestante.
Pero el Rey seguía en sus treces, hasta Madrid tuvo que trasladarse el hermano mayor de la novia para formalizar el noviazgo. Por fin los novios volvieron a verse tras aquella primera cita en el palacio de Buckingham, esta vez la pareja se encuentra en San Sebastián. Alfonso solicitó entonces formalmente a la madre de la novia la mano de su hija y le regaló a ésta una joya de gran valor, un corazón de rubíes rodeado de unos brillantes de gran valor.
Ahora venía la parte más dura, Ena vuelve a separarse de Alfonso y se traslada a Francia, concretamente al Palacio de Versalles, ahí recibe la catequesis para poder confirmarse y convertirse al catolicismo. Un obispo inglés se encarga de la tarea y la ceremonia tiene lugar el 7 de marzo en ausencia de cualquier miembro de la Casa Real inglesa por estar ante una abjuración de la fe anglicana. Quien en cambio no tuvo más remedio que asistir fue el jefe del Gobierno español en ese momento, Segismundo Moret, un masón reconocido que cumplió no obstante con sus obligaciones. A la nueva católica se le añadió el nombre de Cristina para intentar calmar el enfado de su suegra, quien seguía sin aceptar a la inglesa.
Con Victoria Eugenia ya preparada para ser Reina de España, Eduardo VII le concede el tratamiento de Alteza Real y título de Princesa, pero en cambio por adjurar de la Iglesia de la Iglesia de su patria no recibió dote alguna y por supuesto, su nuevo status no le permitía obtener derechos sucesorios al trono de Inglaterra, después de todo la concesión no era más que una formalidad para la boda.
Comienzan así los preparativos de la gran boda real, un acontecimiento que situará a Madrid en el centro informativa de toda Europa. No era una boda de un simple heredero al trono, sino que el contrayente era el mismísimo Rey de España, como consorte, la que entonces presumía ser la princesa más bella de Europa. Sin con todo esto la expectación era máxima, había que sumar a todo lo dicho el seguimiento que por parte de la prensa se había realizado del noviazgo, como consecuencia de ello muchos españoles se sentían identificados con la pareja.
Entre los invitados a tan alto acontecimiento se encontraban representantes de las principales Casas Reales europeas. Por parte de Inglaterra asistiría el futuro Rey Jorge V, entonces Príncipe de Gales, el heredero al trono del Imperio Austrohúngaro Francisco Fernando, la familia Real de Baviera, el Gran Duque de Rusia y los herederos de Portugal, Bélgica o Mónaco entre otros. Todos tuvieron que alojarse en las mansiones de diferentes nobles madrileños o empresarios al tener en aquella época Madrid solamente un hotel en toda la ciudad. El Conde de Romanones organizó a las grandes familias de la zona para surtir de alojamiento a los invitados.
El momento estelar del día sería el desfile del cortejo nupcial, algo inédito hasta la fecha. De esta forma aunque el pueblo llano no pudiera acceder a la Iglesia de los Jerónimos podría saludar y felicitar a los nuevos Reyes al paso de las carrozas. Y no sólo Alfonso y Ena desfilarían, soldados y caballos con sus vestidos de gala y también Grandes de España en impresionantes carrozas.
El recorrido incluía buena parte de la capital de España, desde la Iglesia hasta el Palacio Real. Al paso por la Calle Mayor, uno de los tantos ramos de flores arrojados al paso del cortejo desde el cuarto piso del número 88 contenía en su interior una desagradable sorpresa, dos bombas de fulminato de mercurio con ácido sulfúrico en su interior altamente explosivo. Mateo Morral, un anarquista catalán, llevaba días preparando minuciosamente el atentado pagando incluso 25 pesetas de la época por la habitación. Pero el destino quiso que sus planes no se cumplieran, al arrojar la bomba desde el balcón ésta se golpeó contra el tendido del tranvía y salió desviada hacia el público en lugar de hacia la comitiva. El balance final arrojó 24 muertos y 104 heridos muchos de ellos parte del séquito. Milagrosamente y pese a la violencia de la explosión los Reyes salieron indemnes.
La nueva Reina de España estaba horrorizada, su impoluto vestido blanco estaba totalmente manchado con la sangre de las víctimas, el Rey en cambio intentó controlar la situación de desconcierto creada y ordenó al chófer continuar hacia Palacio sin acelerar el ritmo. Como es lógico el banquete nupcial fue suspendió aunque si continuaron las corridas de toros programadas.
Por el otro lado, Mateo Morral consiguió huir de Madrid hasta Torrejón de Ardoz donde fue reconocido por varias personas. Un guarda de seguridad de nombre Fructuoso Vega consiguió detenerlo pero tras una lucha entre los dos hombres de camino al cuartelillo, Mateo disparó hiriendo de muerte al guarda, acto seguido decidió suicidarse. Posteriormente, los demás implicados en el intento de magnicidio entre los que se incluían José Nakens, un conocido periodista republicano hasta la médula, fueron encarcelados y más tardes indultados por el Gobierno de Antonio Maura.
Tras el nacimiento de sus siete hijos la pareja comenzó a distanciarse aunque no llegaron a separase mientras permanecen en el trono, algo muy típico en una España tan tradicional. Además de los continuos escarceos de Alfonso, buena prueba de ello son los tres hijos extramatrimoniales, el Rey llegó a mantener incluso una relación con una prima de Ena.
Cuando se conocen los resultados de las elecciones municipales del 12 de Abril de 1931, Victoria presiona a su marido para abandonar el país. Teme que la situación termine precipitando los acontecimientos y puede desembocar en su arresto y posterior fusilamiento como había ocurrido en Rusia con los Zares, donde el propio Alfonso XIII hizo cuanto estuvo en su mano a través de la diplomacia para evitarlo. Así pues, el 14 de Abril la Familia Real partía al exilio.
Su primer destino fue Francia para más tarde instalarse en Italia donde ya no había motivos para seguir manteniendo la convivencia. De vuelta a Inglaterra con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, la antigua Reina de España instala su residencia Lausana, Suiza, tras ser invitada a abandonar su antigua patria al dejar de pertenecer a la Familia Real. Por su parte Alfonso pasó los últimos años de su vida en Roma, tras intentar sin éxito la restauración de la monarquía en España al lograr el General Franco la victoria en la contienda civil.
La última ocasión en que Ena y Alfonso se encontraron fue 1940 en Roma, durante el bautizo del futuro Rey de España Juan Carlos de Borbón donde Victoria actuó como madrina. Tras la muerte de su marido en 1941 regresó a España fugazmente para un nuevo bautizo, esta vez el de su bisnieto Felipe de Borbón donde nuevo ejerció de madrina. Moriría un año después en 1969 en su residencia suiza. Sus restos responsan junto a los de Alfonso XIII en el Monasterio del Escorial.
servido por moises
1 comentario
compártelo
5 Julio 2008
En el año 1955 nace en Europa la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, verdadero germen de la actual Unión Europea, su objetivo era la supresión de aranceles entre los países miembros y la creación de un mercado común de estos productos para conseguir de esta forma precios más bajos y abastecimiento sin interrupción. Después del éxito de esta medida, la producción de acero y carbón se dobló en apenas cinco años. Con el tiempo fueron apareciendo nuevas asociaciones en este seno, hasta su total fusión en 1973 con la creación de la Comunidad Europea.
La idea partió de Robert Schuman, ministro francés de Asuntos Exteriores, el mismo que sostuvo la idea de crear una Alemania Occidental con la unión de las tres zonas ocupadas por las democracias occidentales. Schuman había poseído a lo largo de su vida tres nacionalidades, francesa, alemana y luxemburguesa y él mejor que nadie comprendía por lo tanto la complejidad de Europa como la necesidad de unirse. El 9 de Mayo de 1950 lanza su famosa declaración abogando por someter a una única autoridad común en manejo de las producciones de acero y carbón, aunque su primer objetivo era mejorar el mercado y aumentar la producción, la idea era someter y controlar la producción para evitar un nueva rearme.
El canciller alemán de la época Konrad Adenauer apoyó la idea y de esta forma Francia, Alemania, Italia y el Benelux formaron la Comunidad Europea del Carbón y del Acero. Deberemos de esperar hasta el año 1986 para adoptar una bandera común. En aquella época ya estábamos hablando de Comunidad Europea y aprovechando el centenario del nacimiento de Robert Schuman las instituciones europeas adoptan la famosa enseña azul con 12 estrellas dispuestas en círculo. Con la firma del Tratado de Maastricht en el 1992 por el que nace la actual Unión Europea el emblema pasa a ser oficial.
La bandera adoptada entonces y vigente hoy en día no era un diseño nuevo, se trataba de la bandera del Consejo de Europea, un organismo europeo constituido en 1949 y que actualmente forman 47 países, su finalidad es la defensa de los derechos humanos y de la democracia parlamentaria. Este organismo eligió su distintivo oficial a raíz de la celebración de un concurso en el año 55 donde cientos de artistas europeos presentaron sus propuestas. La ganadora fue la actual bandera formada por 12 estrellas dibujada por Arséne Heitz. Lo que casi nadie sabía y él mismo declaró no hace muchos años, es que su inspiración había sido la Virgen María, concretamente las representaciones que de ella realizaban los artistas en base a un extracto del Apocalipisis de San Juan “Un signo grandioso apareció en el cielo, una mujer iluminada por el sol, la luna bajo sus pies, y en su cabeza una corona de doce estrellas.”
La misma Unión Europea que rechaza hacer mención a las raíces cristianas de Europa en la Constitución Europea había elegido como su signo más importante un detalle de las representaciones marianas. De haberse sabido previamente el verdadero significado de la bandera, muchos de los que en su día se rasgaron las vestiduras ante el sueño del Papa Juan XXIII en su encíclica Pacem In Terris de crear un super-Estado católico europeo habrían pedido su retirada.
Y es que el sueño de crear una organización de Estados de países católicos poco tiene que ver con los deseos de Felipe II al intentar invadir Inglaterra y devolver a la pérfida Albión al redil de la Santa Madre Iglesia de Roma. Margaret Thatcher se opuso desde el principio a la creación de una Comunidad Europea con estructura federal, para ella, Europea debía limitarse a asegurar el libre comercio y fomentar una competitivad efectiva dejando a un lado las ideas de centralizar las decisiones.
La Dama de hierro llegó a un más lejos, en su momento definió a la posible Unión Europea como una conspiración católica. La idea de una Europa católica chocaba frontalmente contras las ideas laicistas pero también contra las ideas la rama protestantes del cristianismo. La bandera de Europea nació de un concurso del año 1955, la ganadora fue el diseño basado en la corona de virgen que venció de forma subrepticia, la mayoría de las ideas para la bandera incluían una cruz al estilo de la utilizada por los países escandinavos, sin olvidar la presencia de la misma en Grecia o el propio Reino Unido. No se tomó este camino por miedo a herir sensibilidades, estábamos en aquel entonces en plena guerra fría y la cruz podría recordar al momento de más unión de Europea para un objetivo común, las Cruzadas.
Tras rechazar transmitir al mundo la imagen de un Europa Occidental en cruzada permanente contra la Rusia atea, fue ganando enteros en la votación la posibilidad de diseñar una bandera europea con una gran E en el centro, en la votación final salió vencedora por abrumadora mayoría la actual insignia creyendo en su significado aséptico y común para todas las culturas. De esta forma, las doce estrellas representaría la plenitud y no los Estados miembros como muchos creen, la idea de Arséne Heitz siempre fue respetar el significado de la corona duodecaestaleada de la Vírgen María del apocalipsis.
Cuando Margaret Thatcher se refería a la posibilidad de una Unión Europea como una posible conspiración católica estaba pensando concretamente en que la mayoría de los promotores de la idea eran devotos católicos. Esclarecedor es el caso de Schuman, el cual se encuentra actualmente en proceso de beatificación. Atrás quedarían entonces los tiempos en los que protestantes rechazaban el culto a María por considerarlo al contrario párrafo del Éxodo que dice “"No tendrás dioses ajenos delante de mí"
servido por moises
2 comentarios
compártelo
6 Mayo 2008
Los símbolos nacionales están compuestos principalmente por sus banderas e himnos, estos constituyen sus principales estandartes. Además de estos podemos encontrarnos con otras manifestaciones de la nación como puede ser el otorgar ese carácter a ciertos productos, fiestas o cualquier manifestación cultural (básicamente dentro del folklore).
Quizás más desconocidos y poco usados hoy en día, pero existentes en la mayoría de los países son las personificaciones nacionales. Una personificación es una representación antropomorfa de la nación, a través de ellas se exaltan los valores y principios sobre los que se sustenta la sociedad. Estos personajes son tan antiguos como los propios Estados, ya en la Antigua Grecia y Roma se utilizaban a sus dioses para representar a toda la nación o por ejemplo en Esparta se utilizaba la figura de un guerrero espartano como representante de los valores de este pueblo guerrero.
En la Europa actual, quizás encontremos el ejemplo más claro en
, figura alegórica que representa a la República francesa. Con su gorro frigio ha encargado desde la Revolución los valores de libertad, igualdad y fraternidad. Su nombre proviene de la contracción en francés de los dos nombres más comunes para las clases bajas francesas, María y Ana (Marie y Anne). Precisamente, el hecho de ser los nombres más comunes entre el pueblo llano y estar casi ausentes entre la aristocracia constituía un símbolo casi perfecto del cambio de régimen.
Pero si existe una personificación nacional conocida mundialmente y que es asociada inequívocamente con un país, ese el Tío Sam. La figura de este personaje es de sobra conocida, larga barba blanca, figura estilizada, ropa con colores de los Estados Unidos y un sobrero de copa. Durante toda su existencia ha servido de inspiración a humoristas que lo han añadido a sus tiras cómicas, manifestantes que lo han usado como símbolo del imperialismo yankee o a patriotas que ven en él al símbolo de la madre patria. Son abundantes los carteles donde el Tío Sam aparece en diferentes poses, durante la Segunda Guerra Mundial aparecía con las mangas remangadas trabajando en las fábricas o comprando bonos para la guerra. Durante la Gran Depresión aparecía con los pantalones roídos y la chaqueta llena de remiendos como reflejo de la situación por la que atravesaban los ciudadanos de los Estados Unidos.
Pero sin duda el dibujo más conocido es el del Tío Sam señalando con el dedo índice al espectador y con la frase “I WANT YOU TO U.S. ARMY” (Te quiero para el ejército de los Estados Unidos. Este retrato fue creado por el ilustrador James Montgomery Flagg en 1917, coincidiendo con el año de la entrada del país en la Primera Guerra Mundial, aunque ha seguido siendo utilizado en los sucesivos conflictos bélicos en el exterior en los que han participado los Estados Unidos.
A diferencia del resto de personificaciones nacionales, no es un personaje ficiticio, aunque el verdadero Tío Sam no era ni mucho menos como el actual. En el año 1766 nació Samuel Wilson quien más tarde participaría de adolescente n la Guerra de la Independencia contra los ingleses. En 1812 Estados Unidos intenta expandirse por la actual Canadá, entonces en poder del Imperio Británico, y comienza una nueva guerra contra Inglaterra. En aquel momento Sam Wilson era un próspero hombre de negocios que sustentaba su fortuna en la venta de carnes, durante los primeros días de la guerra fue nombrado inspector de suministros de alimentos del Ejército para la zona de Nueva York y Nueva Jersey. Anteriormente a esta época, Sam Wilson era conocido por sus conciudadanos por ser un gran trabajador y un reconocido patriota. En una visita al almacén donde Wilson almacenaba el alimento con destino a las tropas pudo comprobar el entonces gobernador de Nueva York, Daniel D. Tompkins, el gran estado y lo perfectamente ordenado que estaba todo. Los barriles llenos de carne llegaban impresas las iníciales de su destinario, U.S. (United States – Estados Unidos) al ser estas enviadas con posterioridad al ejército. Al preguntar por el significado de las mismas alguien contestó que U.S. significaba “Uncle Sam” (Tío Sam), nombre con el que comúnmente se conocía a Samuel Wilson en la ciudad. Este hecho transcendió y los soldados comenzaron a bromear sobre los alimentos que el Tío Sam les enviaba.
La anécdota fue repetida hasta la saciedad por todo el país, que comenzó a considerar a Samuel Wilson el típico americano. Había combatido en la guerra de la independencia, trabajando duro había conseguido amasar un importante patrimonio y en la nueva guerra, al no poder luchar por su edad se había puesto al frente de del sistema de suministros en la retaguardia, el Tío Sam era un patriota.
En al año 1961 el Congreso norteamericano aprobó una resolución por la que declaraba como representante del símbolo nacional de los Estados Unidos al Tío Sam. En esta declaración se considera a Sam Wilson de Troy como inspirador del personaje. Un momento en Arlington señala el lugar de nacimiento de Samuel Wilson en el Estado de Massachusetts. Con la intervención del Congreso se cerraba una discusión que tuvo lugar en los años anteriores entre los historiadores americanos, para algunos Sam era el acrónimo gaélico de Stáit Aontaithe Mheiriceá, es decir Estados Unidos de América en el idioma de los miles de irlandeses que emigraron al país. Esta teoría jamás puedo ser demostrada, siendo la historia de Sam Wilson perfectamente comprobable.
Lo que si sabemos por los registros históricos es que Sam Wilson no se parecía mucho a la figura del Tío Sam, fue el actor Walter Botts quien prestó su imagen para los famosos carteles de reclutamiento, añadiéndosele después las patillas en honor de Abraham Lincoln, con el que guarda cierto parecido.
La representación del Tío Sam no fue la única, antes de la Guerra de 1812 existía el Hermano Jonathan, un revolucionario americano que usaba sombrero de copa y representaba al pueblo americano, con la llegada del Tío Sam desapareció totalmente. Mejor suerte corrió la versión femenina, Columbia, con su gorro frigio y su falda de rayas blancas y rojas sigue adornando varios edificios oficiales hasta caer en el desuso tras la Primera Guerra Mundial por la popularidad de su versión masculina.
El Tío Sam constituye junto con la Estatua de la Libertad uno de los símbolos más conocidos de los Estados Unidos. Las personificaciones nacionales son un recurso estético muy aprovechado en muchas ocasiones pasa totalmente desapercibido. La Madre Rusia (Rusia), Germania (Alemania), Adelita (México), Britania (Reino Unido) o Helvetia (Suecia) En España tenemos a nuestra “Hispania” muy representada durante las dos Repúblicas, su imagen aparece en billetes y monedas de forma más o menos constante. En forma de estatua podemos encontrarla en la Biblioteca Nacional o en el friso de la entrada del Congreso de los Diputados.
servido por moises
sin comentarios
compártelo
6 Mayo 2008
Durante cinco terribles años permaneció totalmente operativo el campo de exterminio alemán de Auschwitz. En esos años miles de seres humanos fueron masacradas cerca de un millón trescientas mil almas humanas. Los campos de concentración nazis son hoy símbolo un símbolo de la maldad a la que es capaz de llegar en algunos momentos la humanidad, como el ser humano puede llegar a degradar de tal manera a sus semejantes que desprecie su bien más preciado que es la vida.
Antes de asistir a la creación de Auschwitz, Mauthausen o los gulags rusos existió frente a la costa de Senegal una pequeña isla de escasas dimensiones, 900 metros de largo por 300 de ancho, de la que se calcula partieron 20 millones de esclavos rumbos a las colonias americanas como mano de obra barata. No es de extrañar por tanto que se conozca a la isla de Gorée como la puerta del infinito dolor.
Durante más de tres siglos, la isla de Gorée fue uno de los más importantes mercados de esclavos del mundo. Desde ella se aprovisionaron miles “XXXX” de mercancías humanas para ser transportadas al Caribe, los Estados Unidos y Brasil principalmente. La isla fue descubierta en el año 1444 por los portugueses, que fueron los primeros en usarla para almacenar esclavos a la espera de ser enviados al Nuevo Mundo. En 1617 pasa a manos holandeses que aumentan y aumentan aún más los intercambios comerciales. Finalmente termina siendo conquistada por los franceses tras varias luchas con los ingleses por el control de ciertos enclaves estratégicos de la costa. La isla, deja de tener su uso como mercado de esclavos con la abolición de esta execrable institución por parte de Francia en el año 1848
Desde la llegada de los primeros portugueses, comenzaron a cerrarse los primeros pactos con los líderes locales de la zona. Estos se comprometían a capturar y vender a los comerciantes occidentales los futuros esclavos que fueran capaces de capturar, siendo las primeras presas las de sus clanes rivales, aunque lamentablemente con el tiempo, también cazaron a su propia gente.
Durante su época de apogeo, millones de hombres, mujeres y niños fueron secuestrados de sus aldeas en el continente y trasladados a la isla donde los negreros comerciaban con esta mano de obra barata. Dentro de la isla existían las casas e esclavos. Aquí fueron apiñados en minúsculas celdas durante días sin posibilidad de ver la luz del Sol, los que sobrevivían eran vendido lo más rápido posible para no ver devaluado su valor, pues la enfermedad terminaba haciendo mella en todos al convivir en una situación de insalubridad total. Prueba de ello fue el brote de peste que diezmó la isla en el año 1799.
En las casas de esclavos por norma general se procedía a separar a las personas capturadas dependiendo de su sexo y edad. La sala para hombres y mujeres estaba especialmente pensada para que los futuros esclavos recuperan peso. En el extremo se encontraba la sala de niños, de esta forma los llantos de los niños no podían perjudicar la salud de sus madres, sin duda una macabra psicología.
El valor de los esclavos fluctuaba en el tiempo. Dependiendo de las necesidades de cada época las cantidades pagadas variaban, no obstante siempre resultó ser un fructífero negocio. Las mujeres tenían un precio superior al de los hombres, no sólo podían trabajar sino que además podían producir otros esclavos, era la degeneración total del ser humano al estado de los animales. Para todos los esclavos eran fundamental su dentadura porque esta era sinónimo de salud, a las mujeres además se le realizaban mediciones del busto. Todos los hombres debían tener un peso mínimo de 60 kilos, hasta alcanzarlo permanecían encerrados mientras el comerciante dueño de la casa de esclavos intentaba que ganara peso. En cuanto a los niños, se valoraba su fortaleza y posibilidades de crecimiento, las adolescentes vírgenes eran las más cotizadas de todo el mercado.
En el lugar más céntrico de la isla se encontraba una escalinata donde se realizaban las subastas. Antes de ella, todo futuro comprador tenían derecho a comprobar las características de los esclavos y sus condiciones físicas, la forma de manipularlos era semejante a la del ganado, pero aún así los exámenes eran concienzudos, no todos los esclavos aguantaban el viaje hacia América y era importante comprar a los mejores.
Los esclavos que no pudieron ser vendidos tenían un destino aún peor que sus semejantes, si estaban enfermos o su precio en el mercado no merecía continuar con su alimentación eran arrojados al mar en una zona llena de tiburones por la abundancia de alimento.
Los veleros europeos arribaban a las costas de Gorée con dinero para comprar esclavos, estos serían más tarde vendidos en las plantaciones americanas de café, caña de azúcar o algodón. Cargados de materias primas regresarían a Europa donde venderían estos productos. La triangulación comercial y el aprovechar cada viaje para transportar algo originaron alguna de las mayores riquezas que todavía hoy se mantienen.
Por las estimaciones realizas recientemente, en la isla perecieron seis millones de esclavos a la espera de ser embarcados. Con toda seguridad un número aún más superior falleció durante el viaje. Aún hoy en día debemos seguir avergonzándonos al ver a países como Mauritania seguir consintiendo estas prácticas, todavía en este país del noroeste africano los hijos son obligados a continuar con el trabajo de sus padres a cambio de sustento sin ningún derecho, ni siquiera han cambiado las formas de uno de los mayores actos criminales de toda la historia de la humanidad.

servido por moises
sin comentarios
compártelo