La Coctelera

Avalon

1 Noviembre 2005

Curiosidades de la Historia - III - El grupo de Hiroo Onada.

¿Y si alguien os dijera que la segunda guerra mundial no terminó en 1945? ,¿si yo os contara que un grupo de soldados japoneses siguieron combatiendo hasta casi la muerte de Franco? ¿Y si además os contara que ellos lo hacían porque creían que la guerra no había terminado? Esta es la historia de Hiroo Onada ,el último combatiente que se rindió en la segunda guerra mundial.


En 1974, 29 años después del fin de la guerra, el teniente de infantería Hiroo Onada decidió por fin entregar las armas. Tenía 54 años, estaba en los huesos, había pasado por todo tipo de penalidades en la jungla de Lupang (Filipinas) y todavía llevaba un fusil con abundante munición y unas 20 granadas. Era el último de un grupo compuesto por cuatro soldados que no podían creer que la guerra hubiera concluido con la rendición de Japón.

Akatsu, uno de ellos, se había entregado en 1949 y a su regreso rehizo su vida. Otro, el cabo Shimada, fue abatido durante una escaramuza con tropas filipinas en 1954. Un tercer soldado, Kozuka, también murió en combate en octubre de 1972. Desde entonces, Onada había continuado en solitario su quijotesca cruzada, que resultaría cómica de no ser por los campesinos filipinos muertos que dejó a su paso.

Entre 1972 y 1973 el gobierno japonés puso todo su empeño para convencerle de que saliera de la jungla. Por doquier abandonaron folletos, libros, periódicos e, incluso, cartas escritas por su hermano y su padre escritas por ellos mismos. Sin embargo, en su delirio, Onada estaba convencido de que todo era un truco de sus enemigos para que se rindiera. De hecho, era tal su ceguera que ni siquiera cuando estuvieron escuchando noticias de actualidad durante una temporada, gracias a una radio que habían robado, pudieron darse cuenta de que la guerra había terminado.

Su disparatado empecinamiento concluyó en 1974, cuando fue encontrado por un turista japonés que consiguió hacerle comprender la realidad. Sin embargo, ni aún entonces, quiso deponer las armas. A él le habían dado una orden, que permaneciera en la isla con sus hombres llevando una guerra de guerrillas hasta que llegaran tropas de socorro, y la cumpliría hasta que su superior, el comandante Taniguchi, le dijera lo contrario. Por fortuna, se pudo encontrar al comandante del fiel soldado, que ahora se dedicaba a trabajar como librero, y le embarcaron rumbo a Filipinas. En un emocionante encuentro, le ordenó que abandonara la lucha y Onoda, por fin, se rindió.

El 12 de marzo de 1974, tras haber pedido perdón al presidente de Filipinas por todos los daños causados, regresó a Japón, donde se casó poco después con Machie, una mujer de 38 años culta y educada. En su tierra natal le colmaron de honores y ayudas económicas, que donó en su totalidad al templo de Yasukuni para la paz de los caídos en las guerras, pero no era capaz de adaptarse y al año decidió emigrar a Brasil.

Con los ahorros de su mujer, compraron un rancho de 1.200 hectáreas y poco a poco fue rehaciendo su vida. Tras duras penalidades, consiguieron salir adelante y en 1989 fundó una escuela para enseñar a los niños como sobrevivir en un bosque.

En 1996 volvió a Filipinas totalmente arrepentido de los daños causados a los aldeanos del lugar.

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