50 - Curiosidades de la Historia: Un verdadero dictador.
Hablar hoy de dictadores no tiene el mismo
significado que en la antigüedad. Roma se veía obligada a recurrir a ellos en
tiempos de crisis o cuando un peligro se cernía sobre la ciudad eterna. Quizás
el prototipo de estos dictadores sea Lucio Quincio Cincinato (519 A.C. – 439
D.C.). Su figura ha sido idealizada por los escritos clásicos de la República
pero no por ello debemos obviar como se comportaban realmente los dictadores en
este período.
Cincinato era contrario a recoger de manera
escrita las leyes, se retiró por esto y más diferencias con el Senado a su
finca en el campo sin hacer mucho ruido. Pero Roma estaba muy alterada por las
graves discusiones entre tribunos y plebeyos, el Senado conocedor del buen
juicio de Cincinato recurrió a él y lo nombró cónsul para mediar en el
conflicto.
En el año 458 el ejército romano se encuentra
en apuros contra las fuerzas invasores de ecuos, volscos y aqueos. De nuevo se
vuelve a recurrir a Cincinato que se dedicaba en cuerpo y alma a su finca. En
esta ocasión el Senado ante la gravedad del asunto volvió a recurrir a sus
servicios, se le otorgaron poderes absolutos y un mando total sobre las tropas.
La victoria fue total y la invasión quedó anulada, Roma volvía a respirar
tranquila. Cincinato rechazó todos los honores que se le concedieron y
simplemente pidió una cosa, volver a su casa lo más pronto posible pues llegaba
la época de arar el campo.
Un importante sector de la vida pública
romana consideraba que Cincinato era la persona más apropiada para dirigir la
república que seguía extendiéndose y cada vez se encontraba con más conflictos tanto
internos, los plebeyos aspiraban a conseguir cada vez más equipararse con los
patricios, como externos. Fue por ello que se incluso se barajó nombrarle
dictador vitalicio al gran Lucio Quincio Cincinato, salvador de Roma. Huelga
decir que por su humildad y sobre todo porque consideraba que no era bueno para
Roma rechazó tal ofrecimiento. No tardaría mucho Roma en conocer, de la mano de
la Sila, el verdadero terror de los dictadores.
La ciudad norteamericana de Cincinnati, situada en el Estado
de Ohio lleva ese nombre en su honor. Es un pequeño guiño a George Washington
que también en su día rechazó con humildad más poder del que consideraba
merecer.


