De Federico Guillermo I de Prusia deberíamos de
reconocerle el hecho de implantar la obligatoriedad de la enseñanza, un hecho
clave en la historia de Prusia y por ende de Alemania además de ser pionero.
Quizás también deberíamos hablar de los problemas que tuvo con su hijo y
heredero Federico II (futuro gran monarca) al que ordenó decapitar a su amante
masculino.
Federico I fue un rey cuya una de sus máximas
preocupaciones fue mejorar la calidad de vida de sus súbditos, algo que lo hizo
ganar rápidamente sus simpatías. También, siguiendo lo que será la posterior
tradición prusiana, dedicó muchos esfuerzos en aumentar el tamaño del ejército
y modernizarlo. A la hora de reclutar soldados Federico I tenía una manía que
casi podríamos calificar como obsesión, debido a su baja estatura consideraba
que los soldados debían no sólo ser altos, sino tener una altura casi de
gigantes.
Fue esta la causa por la que el monarca prusiano
ordenó a varias personas de su confianza una búsqueda por Europa de hombres
jóvenes de gran estatura. Aún realizando parte de estas actividades fuera
de Prusia hubo varios casos de
secuestro, eran especímenes demasiado buenos como para dejarlos escapar. Se
dieron también los primeros casos de selección genética, se pagaron grandes
sumas de dinero a mujeres muy alta para tener hijos de enorme tamaño, algo que
más tarde, la Alemania nazi recurriría a ello con sus programas eugenistas y la
terrible SS.
El fan por soldados gigantes llegó al extremo de
contratar a médicos que decían ser especialistas en estirar a seres humanos.
A base de sus reclutamientos tanto voluntarios como
forzosos consiguió armar su ejército especial que recibió el nombre de “Los
gigantes de Postdam”. De manera curiosa estas tropas de élite no intervinieron
casi en combate, el Rey sabedor del laborioso
trabajo de reclutarlos se negaba a sacrificarlos por temor a tener bajas.
Quizás no hubo nada que Federico I quisiese más que
a sus gigantes. Conocía el nombre muchísimos de ellos, y no eran pocos;
aficionado a la pintura en una etapa de su vida era los modelos que usaba para
dibujar. Aquejado en la vejez de depresiones, lo único que le animaba era
verlos desfilar, de ahí que los médicos reales les ordenaran salir al jardín a
saludar a su rey.
La relación con “Los gigantes de Postdam” fue como
se ve, muy estrecha. Lloró la muerte de alguno de sus soldados, a los que procuraba
la atención de sus mejores médicos. Por la muerte de uno de estos soldados, su
altura superaba los 2,10, declaró un luto nacional de una semana. Participó
personalmente en la confección de sus uniformes, a los que decoró en exceso,
con unos cascos coronados con unas plumas enormes, todo con el fin de resaltar
su altura. Los sueldos no iban a la zaga con su altura, estas unidades eran las
mejores pagadas de la época, pero la presión ejercida por Federico I era tan
grande que hubo varios casos de suicidio y deserciones.
La famosa cámara de Ámbar que Federico I regaló a
Pedro el Grande Rusia, fue en agradecimiento al envío de 55 soldados de su
guardia personal. Para ser guarda personal del zar uno debía medir como mínimo
1,85.
servido por moises
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