66 Curiosidades de la Historia: Justiniano II nariz cortada.
En el año 683, Constantino IV (emperador de Bizancio) era aún joven, tenía sólo 34 años pero fue previsor. Ordenó cortar la lengua a sus hermanos Heraclio y Tiberio que eran co-emperadores con él en el trono de Bizancio. El emperador murió dos años después de disentería tras haber parado la ascensión del Califato Omeya y defendido las fronteras del Imperio Bizantino.
Con sus inhabilitados para ejercer el poder, fue su hijo Justiniano II quien llegó al trono imperial. La crueldad que su padre demostró con sus hermanos en vida, sería vengada en su hijo años más tarde.
Su primer reinado parecía comenzar bastante bien. Las fronteras eran seguras y el Califa pagaba un tributo mayor. Esta estabilidad le brindó la posibilidad de intentar expandir sus fronteras a los Balcanes, algo que consiguió al someter a los búlgaros.
Dedicó parte de su tiempo en reasentar a grandes poblaciones y así repoblar zonas que habían quedado devastadas tras las guerras con los árabes como Anatolia. Fue todo un éxito ya que la economía y el comercio se reactivaron, además Justiniano disponía así de nuevas
Pero a las buenas campañas exteriores había que sumar las reformas interiores. Justiniano propició un auge importante del campesinado a los que otorgaba pequeñas tierras para su cultivo, fueron los campesinos libres los que se convirtieron en el puntal de la política de defensa del Imperio Bizantino.
Esta nueva política no fue del agrado la aristrocracia. Podemos decir que Justiniano II tuvo unas decisiones claramente antiaristrocráticas además de cambios muy bruscos en leyes lo que para algunos resultaba muy provocador. Justiniano no titubeaba si era necesario usar la violencia, llegó incluso a amenazar con aniquilar totalmente a la aristocracia sino se avenían a su política imperial.
Fue este el fin de Justiniano. Comenzó a construir suntuosas edificaciones, no podía soportar vivir a la sombra del gran emperador Justiniano I que llevó al Imperio a su máximo esplendor. Para estas construcciones sus recaudadores se pusieron manos a las obras. Entre ellos estaba Estaban, un eunuco persa, que no dudaba en recurrir a la tortura con el fin de procurarse el dinero necesario para las obras. No corrían mejor suerte los trabajadores, los cuáles eran torturados y recibían latigazos en caso de retraso. El palacio imperial lucía un aspecto inmejorable pero no así su popularidad.
En el año 695 el pueblo de Constantinopla se amotinó. Y el estratega Leoncio fue proclamado emperador. Su eunuco Esteban fue arrastrado por las calles de Constantinopla y finalmente linchado.
Mientras tanto un mandatario del emperador se dirigía a la mismísima Roma para detener al Papa y llevarlo ante el Emperador, no pudo cumplir su objetivo y por medicación del Papa no perdió su vida. Justiniano II había sido ya depuesto pero no olvidaría esta afrenta.
Mientras tanto Justiniano intentó huir de la ciudad y fue capturado. El nuevo operador actuó al igual que el padre de Justiniano, Constantino IV, aunque esta vez no fue la lengua sino la nariz por lo que se le conocería para siempre como "Rhinotmetos" o nariz cortada. Además fue desterrado a Crimea con la creencia de que nadie con esa grotesca apariencia podría volver a gobernar. Su aspecto causaba miedo y repugnancia a los que se encontraron con él de camino a su destierro. Sin duda sus ojos ya debían estar inundados por el oído e pensaba ya en su futura venganza.
Durante años Justiniano vagó por las fronteras de Asia, del Mar de Azov al Mar Negro siempre huyendo. En Constantinopla se sentían inquietos antes sus movimientos y reclamaron a los reyezuelos donde era acogido su entrega inmediata. El rey de los Khazaros le acogió y le entregó como esposa a su hija a la que dio el nombre de Teodora.
No dudo el Rey de los Khazaros en entregarlo cuando Tiberio amenazó con una dura respuesta sino se entregaba a Justiniano. Su esposa pudo avisarle a tiempo antes de ser prendido y de nuevo huía. Sin lugar donde escapar, con un alto precio por su cabeza Justiniano decidió refugiarse con el gran khan de los búlgaros, su antiguo enemigo al que pidió ayuda a cambio de promesas de dinero y la entrega de una corona como César.
En el año 705, 10 años después de que fuera depuesto se presentó ante las puertas Constantinopla al frente de un ejército búlgaro-eslavo. Sin embargo las duras murallas de Constantinopla no iban a derrumbarse tan fácilmente. Gracias a un hueco en el acueducto que proveía de agua a la ciudad, consiguió penetrar en ella con un grupo de leales. Presa del pánico Tiberio huyó, los partidarios de la Justiniano que aún tenía en la ciudad salieron a su encuentro y pudo volver al trono por segunda vez.
La deformidad de Justiniano le marcó, era un hombre distinto. Si en su primer reinado no dudó en usar la violencia, ahora se había vuelto aún más vengativo. Mandó fabricar una prótesis nasal de oro y su mujer Teodora se trasladó a la capital junto con el pequeño hijo de ambos.
El terror del emperador sin nariz se extendía por todo el imperio. Mandó ejecutar a Tiberio colgando sus cabezas en picas de las murallas de ciudad. El patriarca de Constantinopla, Kallinikos I fue depuesto y le sacaron los ojos.
Opositores y sospechosos fueron perseguidos y exterminados, aplicando en muchos casos la mutilación que él mismo había sufrido. Tal era la ceguera que desatendió los problemas exteriores y consumió todas sus fuerzas en acabar con los enemigos internos, muchos reales pero la mayoría imaginarios. Esto fue aprovechado por los árabes que volvieron a la carga. El emperador prefirió vengarse de los que defendieron al Papa de Roma durante su primer reinado lo prácticamente terminó por desestabilizar completamente Constantinopla.
Justiniano, el hombre sin nariz, ahora reconocido como un tirano por sus conciudadanos. Un oficial armenio de nombre Bardanes, fue proclamado por el ejército como nuevo emperador. En ese momento Justiniano se encontraba camino de Armenia y no pudo volver a tiempo a la ciudad que recibió a Bardanes con todos los honores. Pronto el emperador fue capturado y se procedió a su ejecución. Finalmente su cabeza fue expuesta del mismo modo que él lo había hecho con la de sus enemigos. Ni siquiera su pequeño hijo pudo salvarse por mucho que la madre de Justiniano intentara esconderlo en una iglesia. Se ponía así fin con su muerte a la dinastía de los Heráclidas.



braba dijo
muy chulo
4 Mayo 2009 | 12:12 PM