73 Curiosidades de la Historia: El hombre de Piltdown
El hombre de Piltdown es quizás uno de los mayores engaños de la historia. La magnitud del escándalo, que sacudió los cimentos de la ciencia europea, ha dejado poco rastro quizás por la vergüenza que sufrió el Reino Unido con ello.
Todo comenzó en 1912, Arthur Smith Woodward no podía creérselo, tenía ante sí la clave de la evolución humana. Los había recibido junto con el arqueólogo aficionado, Charles Dawson, de un obrero que trabajaba en una cantera situada en Piltdown, un pueblo de Sussex. Los restos presentados conjuntamente en la Sociedad Geológica de Londres estaban formados por un cráneo, un diente suelto y una mandíbula con dientes. El cráneo tenía forma humana en cambio la mandíbula presentaba rasgos típicos de los simios.
Durante muchos años, de ahí la magnitud del engaño, se creía que estos restos constituían el verdadero eslabón perdido. Estos restos correspondían al espécimen que uniría a los actuales humanos con los simios. Toda esta rocambolesca historia podría haber terminado mucho antes de haber sido sometidos los restos a las pertinentes pruebas; después de todo los restos encajaban con las ideas paleontológicas de la época. El eslabón perdido debía tener una capacidad craneal parecía a la nuestra pero rasgos simiescos, algo que en este caso se cumplía perfectamente.
Con los primeros restos, Dawson y Woodward decidieron continuar excavando en Piltdown. A ellos se sumó un joven jesuita que se hallaba estudiando en un seminario cercano. Durante la excavación encontraron nuevos restos humanos además de huesos de animales y precarias herramientas de piedra. Los descubrimientos que estaban realizando parecían capaces de cambiar la concepción de la evolución humana.
A principios del siglo XX, los descubrimientos de fósiles humanos estaban en boca de toda Europa. Francia tenía su “Cromagnon” y Alemania su “Neanderthal”, pero en Inglaterra no se habían encontrado hasta ahora restos humanos de tanta antigüedad por lo que el descubrimiento hizo nacer una especie de sentimiento patriótico, se denominaban a los restos como los del “primer inglés”.
El 18 de diciembre de 1912 el nuevo homínido, Eonthropus dawsoni, fue presentado en la Real Sociedad Geológica de Londres. Rápidamente todos los periódicos ingleses se hicieron eco de la noticia con grandes titulares. El eslabón perdido se había descubierto y era británico. La capital de la prehistoria europea estaba ahora en un pueblecito inglés.
8 años después, el Hombre de Piltdown era una verdad incontestable y su veracidad era ampliamente admitida. Pero esto llegó a su fin en 1949. Los restos fueron sometidos a la prueba del flúor. Según esta técnica de datación, siguiendo unos baremos a más cantidad de flúor más tiempo llevarían enterrados los restos. Todos los restos presentaban una muy pequeña cantidad de flúor, prácticamente insignificante. Esto significa que los restos habían sido enterrados en una época reciente.
Se inicia así una dura discusión entre dos bandos. Una mezcla de nacionalismo rancio se apoderó de insignes mentes británicas que negaron las evidencias. Pero de poco sirvió, en 1953 el llamado a ser la pieza clave de la evolución recibía una herida de muerte. Nuevos informes demostraban no sólo que los dientes habían sido limados para darles aspecto humano sino que además la mandíbula pertenecería a un orangután.
La magnitud del escándalo fue tal, que hubo que rescribir miles de libros científicos en todo el mundo, cambiar importantes teorías sobre evolución e incluso replantearse todas las pruebas de fósiles, incluso se creó una cierta preocupación ¿Podría ser caso la punta de iceberg de nuevas estafas científicas?
Todavía hoy no se sabe a ciencia cierta quién urdió la trama. Pudo ser Dawson, pero no pasaba de ser un simple aficionado o Woodward, el que más conocimientos sobre el tema tenía aunque muchos opinan que sufrió un engaño. Todos los indicios parecen señalar a un personaje ajeno a la historia principal en apariencia. El profesor de Oxford W.J. Sollas pudo provocar estar detrás del descubrimiento con el fin de desprestigiar a su enemigo Woodward y humillarlo delante de toda la comunidad científica.
Todavía hoy el hombre de Piltdown sigue estando considerado como el mayor fraude científico de la historia.


