La Coctelera

Avalon

9 Septiembre 2007

81 Curiosidades de la Historia: La noche de bodas de Atila.

Atila rey de los hunos, era considerado por los cristianos como el azote de Dios, algunos iban más allá y lo consideraban el mismísimo anticristo del Nuevo Testamento. Había nacido en el año 395 y heredado a la edad de 39 años el trono de su padre, eso sí, tuvo primero que deshacerse de su hermano.
En el momento que Atila llega al poder su pueblo estaba asentado en la actual Hungría, pero aspiraba a mucho más que a un reducto en Europa Central. Atacó a Bizancio a la que obligó a pagar un gran tributo en oro para después poner sus ojos sobre el reino visigodo de Tolosa donde sufrió su más dolorosa derrota en la batalla de los Campos Cataláunicos.
Quizás por esto su siguiente objetivo fue arrasar el norte de Italia y buena cuenta de ello dieron ciudades como Milán o Padua. Pero el mayor peligro estaba aún por llegar porque años más tarde Atila iba a reclamar su matrimonio con la hermana del Emperador Atila. Mientras tanto en la capital el temor al azote de Dios hacía a la gente huir en masa, no se recordaba semejante situación desde Alarico, el Rey godo que hace poco más de 40 años había saqueado la capital del imperio. El Emperador Valentiniano III huyó de Rávana y el mismísimo Papa León I tuvo que salir al encuentro del huno.
Allí se reunieron los dos personajes más influyentes de su época y pactaron la retirada de Atila a cambio de oro. Algunas crónicas de la época hablan que León I, que pasaría al historia con el sobrenombre del Magno, recordó a Atila la maldición que perseguía a quienes osaban saquear Roma. Quizás por esto, por la intervención divina de San Pedro y San Pablo, por lo debilitado que se haya su ejército en ese momento o por el suculento botín de oro Atila dio media vuelta y regresó a su reino cerca del Danubio donde planeó nuevas operaciones contra Constantinopla, y una vez con la excusa de exigir tributo.
En el año 453, Atila se dedica en ese año a pacificar las fronteras de su gran reino. Mientras tanto él seguía siendo igual de poderoso y su maquinaria bélica perfectamente engrasada para futuras aventuras. En el fondo todos en Roma sabían que volvería pero el destino quiso que como en todas las grandes historias de la humanidad, apareciera una mujer, aunque en este caso y por mucho que terminara en boda veremos que de amor hubo más bien poco.
Allí entre un grupo de bractianos que tiene como rehenes (otras fuentes apuntan a godos), se fija en una joven de 17 años rubia de ojos azules, Ildico, una de las tantas princesas retenidas por los hunos. Atila se encapricha de ella y decide casarse, no sin antes tener un bonito gesto con su futuro suegro, también rehén, y cortarle la cabeza. Ildico estaba atemorizada, ha visto a su padre morir a manos del que muchos dicen ser el mismo demonio y comienza a rezar pidiendo al cielo que castiguen tanta crueldad, parece ser que sus plegarias fueron oídas.
Como en toda celebración del pueblo huno, el alcohol corrió por la mesa, y Atila que tenía algún que otro problema a la hora de controlarse festejó su boda por todo lo alto. Mientras tanto su mujer la esperaba en una tienda de campaña resignada su suerte.
Ildico se encuentra en ese momento cara a cara con el asesino de su padre y sus dos hermanos, el huno la mira y sonríe sabedor que pronto será suya pero de repente la sangre empieza a salir por su nariz a borbotones, empieza a tambalearse y rápidamente cae al suelo delante de los pies de su breve esposa que observa atónita la escena, el hombre más temido del mundo yace ahora tendido sobre un gran charco de sangre.
A la mañana siguiente los generales de Atila entran en la tienda y encuentran el cuerpo de su líder, Ildico permanece escondida y temblando tras una de las pieles que decoraban la instancia. Rápidamente es apresada para darle muerte allí mismo pero uno de los lugartenientes de Atila paró la ejecución. Eran muchos los que sabían que Atila sufría continuas hemorragias nasales y que cada vez que estas se repetían con mayor frecuencia, su gente dio por buena la historia y respetó la vida de la princesa.
A la muerte del gran Rey los soldados comenzaron a cortarse la piel con sus propias espadas, puesto que el más grande de los guerreros no podía ser llorado con lágrimas sino con sangre. Tras enterrarlo en un lugar secreto y siguiendo una costumbre de la época entre los pueblos del Norte, los soldados que habían buscado un lugar secreto para el entierro aceptaron gustosas suicidarse y así no desvelar jamás la ubicación de la tumba. Hoy en día aún sigue siendo un misterio donde está enterrado Atila.
Tras su muerte, todos los pueblos sometidos por los hunos se rebelaron al conocer la muerte del gran líder y en pocos años el antaño gran imperio se desmembró, mezclándose con los ostrogodos. Los siglos posteriores borrarían las huellas del paso de este pueblo siendo muy difícil encontrar restos de sus asentamientos. No obstante, la historia del más grande de ellos siguió viva en la vieja Europa formando parte del imaginario popular, la gente seguía temiendo a aquel del que se decía que “donde pisaba su caballo no volvía a crecer la hierba”.

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