86 Curiosidades de la Historia: El inmortal amor de Pedro I de Portugal e Inés de Castro
El rey portugués Alfonso IV (apodado el bravo), estaba muy emocionado la mañana del 19 de abril de 1320, su esposa Beatriz de Castilla por fin le había dado un hijo varón, un sucesor para el trono con el que continuar la línea dinástica.
El príncipe Pedro creció y se convirtió en un hombre siguiendo siempre a su padre en los viajes que realizaba constantemente de las cortes de Lisboa y Coímbra, allí aprendió lo suficiente para convertirse en un futuro gran rey. Fue en alguno de estos palacios donde conoció a una joven de origen gallego, Inés de Castro.
Inés era hija de Pedro Fernández de Castro, jefe de una de las familias más antiguas e ilustres de Galicia, su padre era nieto del mismísimo Sancho IV de Castilla, su madre también podría presumir de linaje al ser descendiente del Rey Alfonso IV. De muy joven acude a vivir con su prima, Constanza Manuel, y de esta forma se preparan ambas para conseguir un buen matrimonio. Al lado de su prima contempla el ascenso social de Constanza, al casarse con el heredero al trono portugués entonces infante Pedro.
Inés sigue a su prima a las cortes de Lisboa y Coimbra para ocupar el puesto de dama de la nueva princesa. Desde el primer momento, el marido de su prima, el futuro Pedro I, pone sus ojos en ella y ambos jóvenes se enamoran. Pero Pedro estaba aún casado por lo que Inés termina recibiendo el título de prostituta real del infante y aguantado durante años la situación. Pedro quería a Inés, pero su mujer aún vivía y el divorcio no sería nada aconsejable además de tener que realizarse mediante alguna argucia del derecho canónico.
En 1345 Constanza está de nuevo embarazada, todo el reino de Portugal espera que por fin pueda darle un hijo varón a Pedro. El 13 de Noviembre de ese mismo año nace Fernando, futuro rey de Portugal con el título de Fernando I, pero Constanza muere el parto.
Con la muerte de su esposa, la situación entre Pedro e Inés cambia radicalmente, por fin pueden hablar abiertamente de planes de boda. Durante nueve largos años, Inés esperó el momento de poder darle el sí quiero al gran amor de su vida, atrás quedaban varios hijos que tenían la consideración de bastardos y muchos enfrentamientos con su difunta prima, a la que los celos de conocer la situación le llevaron a enfrentamientos directos con Inés.
Ante el obispo de Guarda y algunos de los servidores de Pedro, se bendice la unión de ambos en sagrado matrimonio, pero quizás por problemas con su padre, el todavía rey Alfonso IV, no existían documentos que recogieran aquella unión, teniendo el matrimonio un carácter clandestino. El viejo monarca no quería Inés como esposa para su heredero, ese puesto era demasiado apetitoso y sería mucho mejor otorgarlo a una familia poderosa que en ese momento conviniera agradar en busca de futuras alianzas. No obstante, ante el temor de represalias con los hijos del primer matrimonio, la forma de matrimonio secreto serviría para proteger de esta manera los derechos dinásticos de los hijos del primer matrimonio y sobre todo calmar a la nobleza que no veía la unión con muy buenos ojos.
Inés de Castro no conseguía de esta forma un reconocimiento pleno pero por otro lado había conseguido ser la mujer legal del gran amor de su vida. Mientras tanto el padre de Pedro, Alfonso IV, recibía visitas constantes de enemigos de la familia de Castro, la unión de esa familia con la realeza suponía una manipulación para influir en la corte portuguesa y de ese matrimonio no podía salir nada bueno. La familia de Inés tenía en ese momento lazos con la corona castellana y portuguesa ¿Hasta dónde llegarían sus ambiciones? Estaba claro que aunque Inés no era reconocida como princesa, con la muerte del viejo monarca y la llegada al trono de su hijo Pedro la situación cambiaría.
Los tres nobles, Alonso Gonzálvez, Pedro Coelho y Diego López Pacheco se reunieron con el Rey y en una discreta reunión decretaron el destino de Inés de Castro, debía morir. El Rey dudaba, por un la estaba convencido del peligro que corría su nieto, el hijo de Constanza, a su muerte creía que la familia de Inés intentaría quitárselo de en medio para colocar en el futuro trono a uno de los hijos nacidos de la unión con Inés. La razón estaba en que Fernando, el hijo del primer matrimonio de Pedro, era un niño enfermizo y bastante débil, en cambio los hijos d Inés se encontraban más saludables y parecían tener una mayor inteligencia. En la otra cara de la moneda se encontraba la idea de asesinar cruelmente a una mujer inocente de toda culpa, si realmente había manipulaciones e intrigas palaciegas, Inés estaba totalmente al margen. Finalmente tras sopesar todas las posibilidades decidió dar la orden.
Pedro permanecía en todo momento con su esposa ajeno al terrible futuro de esta, aprovechando una oportuna cacería del infante, el Rey se dirige al Monasterio de Santa Clara donde Inés y sus hijos esperaban la vuelta de Pedro. Antes de la llegada de Alfonso IV, Inés conoce la noticia de las intenciones que mueven el viaje de su suegro y sale arropada por sus hijos a recibirlo. Arrodillada ante él le pide clemencia entre lloros y gritos lo que conmueve profundamente al monarca hasta el punto de perdonarle la vida. Pero el Rey no había viajado solo, Gonzálvez, Coelho y López Pacheco se encontraban a unos kilómetros esperando la buena nueva, al llegar el Rey les explica lo sucedido, ha sido incapaz de ver como matan a una mujer inocente. El poder de estos nobles, era bastante grande en Portugal, consiguen hacer entender al Rey del error cometido, el trono portugués y todo el país está ahora en peligro, ante la muestra de debilidad los enemigos del reino verán la oportunidad perfecta para atacar. Finalmente el Rey no se opone y los tres caballeros parten de nuevo al lugar donde se encuentra Inés, a la que sin mediar palabra la apuñalan en el vientre, corría el año 1349.
Al enterarse de la noticia, Pedro se puso al frente un ejército y devastó el país entre el Duero y el Miño tras declarar abiertamente la guerra a su padre, pasaron ocho hasta que en 1357 se reconcilió con su padre poniendo una condición, jamás volvería a casarse. Un par de meses después moría Alonso IV, puede que la reconciliación no fuese más que una maniobra para ocupar el trono portugués sin ser discutido por nadie.
Pedro era ahora Pedro I de Portugal, el ahora nuevo Rey continuó con su venganza y castigó a los que habían asesinado de forma tan miserable al amor de su vida. Hasta aquí podemos hablar de completa fidelidad a la historia real, desde este punto se mezclan leyendas portuguesas con la literatura de la época que idealizó la venganza. Si sabemos que Pedro ordenó matar a los tres principales instigadores del crimen, además es muy posible que el castigo para Pedro Coelho y Diego López Pacheco hubiese sido después de la ejecución la extracción de su corazón.
Tras la muerte de Inés, y ya con Pedro como Rey de Portugal, ordenó que Inés figurase como su reina, algo totalmente inusual al no haber estado ella jamás casada con un Rey en vida. Según las crónicas de la época, que no podemos tomar como fidedignas, mandó exhumar el cadáver de su amada para que ambos fueran coronados como reyes en la misma ceremonia.
Las tumbas de ambos se pueden encontrar en Alcobaça, a diferencia de las demás tumbas de maridos que están reposando juntos imitando a un lecho matrimonial, las tumbas de ambos se encuentran una en frente de la otra tocándose los pies, Pedro I quiso que esto fuera así esperando que el día de la resurrección lo primero que viese al levantarse fuese a su amada Inés.



