La Coctelera

Avalon

8 Octubre 2007

88 Curiosidades de la Historia: El chamán español

En el año 1507 nacía en Jerez de la Frontera Álvaro Cabeza de Vaca dentro de una familia noble, como cualquier niño de su época los ecos de los descubrimientos que en América se estaba produciendo hicieron aflorar su imaginación, muy pronto él sería parte de esas interesantes exploraciones.
A diferencia de otros exploradores, Cabeza de Vaca tuvo la suerte de participar en dos aventuras bien diferenciadas. La primera comenzó en la actual Florida y la segunda en Argentina, ambas le hicieron vivir trepidantes aventuras y sobre todo legar para el futuro un sinfín de descubrimientos sobre los indígenas o sus costumbres.
En 1526 Pánfilo de Narváez era un tipo conocido en los ambientes que rodeaban todas expediciones, había intentado sin éxito detener a Hernán Cortés y terminó viendo como sus soldados pasaban a engrosar las filas del extremeño mediante la deserción. Ahora Pánfilo debía conquistar y gobernar Florida la cual se convertiría en el primer territorio de la actual EEUU bajo mando español. Entre los que se alistaron a esta nueva empresa figuraba un joven Álvaro Cabeza de Vaca que no contaba ni siquiera con 20 años.
Con cinco naves ponen rumbo al nuevo mundo con la intención de seguir los pasos de Ponce de León, que años antes había descubierto la península americana. Como en todo aquello en lo que participaba el pobre Pánfilo la expedición estuvo llena de desgracias y contratiempos empezando por una desastrosa climatología. Una vez en la Española, más de cien tripulantes desertaron lo que parecía estar convirtiéndose en algo ya habitual cada vez que Pánfilo echaba anclas.
Sin más contratiempos de los ya comentados, el 14 de Abril, Jueves Santo, arriban a las costas de Florida. El recibimiento no fue del todo cordial por parte de los nativos así que continuaron su camino más hacia al norte. Allí conocieron la existencia de oro en la zona y casi en el acto comenzó a hacer acto de presencia la codicia española, al igual que en otras ocasiones los indios americanos se inventaron una historia con el objetivo de que los españoles les dejaran de incordiar.
Según escuchó Pánfilo de Nárvaez, al norte de los Apalaches existían siete ciudades cuyos muros y paredes estaban totalmente recubiertas de oro.
Puede que esperar a la mañana siguiente o quizás ni eso, los españoles emprendieron rápidamente camino hacia al reino de Cíbola, como así lo hacían llamar los nativos. 300 españoles emprendieron camino hacia a la aventura.
En apenas cincuenta días llegaron a un poblado situado en el lugar marcado por los indios, pero en lugar de oro y riquezas encontraron chozas de adobe y paja junto con cosechas de maíz, ni rastro del oro.
Para terminar de rematar la historia, durante tres semanas fueron atacados constantemente por los guerreros de las tribus hasta que finalmente decidieron volver a la costa tras no conseguir nada. Ya en el mar decidieron construir cinco botes con los que proseguir su camino hacia el sur, pero poco esas precarias embarcaciones y el líder de la expedición, Pánfilo Narváez terminó sus días en el fondo del océano al ser golpeado por un golpe de mar.
Finalmente desembarcaron quince supervivientes en la costa del actual Estado de Texas. Allí fueron capturados por los indígenas que tras sufrir un duro cautiverio vieron reducido el grupo a cuatro personas. Cabeza de Vaca, los capitanes Alonso del Castillo y Andrés Dorantes, además se encontraba con ellos un criado negro de origen africano llamado Estebanico, posiblemente el primer africano en llegar en América. Durante siete años permanecieron esclavizados por los indios carancaguas y coahuiltecas en las orillas de río Grande.
Durante su cautiverio, Cabeza de Vaca comenzó a observar e intentar comprender las costumbres de sus captores así como sus ritos mágicos. Poco a poco fue descubriendo el idioma hasta que los convenció de tener poderes mágicos, de esta forma se convirtió en el chamán de la tribu. Con algunos rudimentarios conocimientos de medicina, se dedicó a curar haciéndoles creer en sus poderes de sanación.
Finalmente, aprovechando la llegada del verano planearon un plan para huir. Un día al alba hicieron acopio de todo lo imprescindible y partieron hacia el sur vadeando el río Grande. A través del actual México fueron llegando a distintas poblaciones donde fueron acogidos con gran entusiasmo por la población tras convencerles de sus poderes mágicos.
Tras su largo viaje contactaron con unos jinetes españoles en 1536, al escuchar la historia, el Gobernador de Nueva Galicia no podía dar crédito. Se calcula que pudieron haber recorrido unos dieciocho mil kilómetros durante más de diez años, gracias a su ingenio habían conseguido sobrevivir a cientos de adversidades y por fin estaban otra vez entre los suyos y en 1537 llegaron a España para solicitar nuevas exploraciones.
Desgraciadamente, después de comprobar con sus propios ojos la pobreza de los indios norteamericanos siguieron creyendo en la existencia de las siete ciudades de Cíbola donde las paredes estaban recubiertas de oro. El relato de estas riquezas ocasionó que en el futuro se siguieran organizando nuevas partidas en busca de tan suntuoso tesoro con desastrosos resultados económicos pero muy interesantes por las exploraciones realizadas.
Álvaro Cabeza de Vaca fue premiado con el puesto de gobernador del Río de la Plata. En su nuevo trabajo mucho en empeño en terminar con la corrupción y continuar explorando más hacia al Oeste pero las envidias y los rencores terminaron con su suerte siendo devuelto enjuiciado en España con falsos cargos. Con su imagen pública injustamente manchada terminó sus días en Sevilla pero antes de morir nos legó su libro “Naufragios” donde relató todo su periplo por el norte de México y sur de los Estados Unidos.

servido por moises 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Captain Miller

Captain Miller dijo

Yo creía que Cabeza de Vaca se llamaba Álvar y no Álvaro.

24 Octubre 2007 | 09:55 AM

moises

moises dijo

Sería tanto como decir que Jimena es Ximena o es Quixote o no Quijote. Álvar es la forma antigua de decir Álvaro.

24 Octubre 2007 | 12:23 PM

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