93 Curiosidades de la Historia: Las ciudades vedadas para los occidentales - 1ª parte
Hoy en el Siglo XXI los ojos del mundo están puestos en el espacio, hacia los lugares más recónditos de nuestra galaxias se dirigen nuestras próximas aventuras aunque aún quedan por explorar las profundidades marinas. Hace menos de dos siglos, la superficie de nuestro planeta seguía albergando increíbles misterios sumergidos en la leyenda y en la fascinación de lo prohibido, lo vedado para la mirada de los extraños.
Podrían contarse infinidad de historias sobre ciudades ocultas, civilizaciones perdidas e importantes hallazgos arqueológicos, pero hay dos viajes que tienen algo en común, fueron las primeras visitas de occidentales a lugares vetados para ellos.
Domènec Badia i Leblich nació en Barcelona en el año 1767 y pasaría la historia por ser el primer europeo en visitar la
Kaaba (en la Meca). Esta piedra de negra es según la tradición islámica un aerolito que el Ángel Gabriel entregó a Abraham, las cinco oraciones de todo musulmán se dirigen hacia este lugar de la tierra. Badia sintió desde joven fascinación por la aventura y el mundo árabe a raíz de su traslado a Córdoba, allí comienza a estudiar la lengua y se rodea de de moriscos que habían vuelto a la tierra de sus antepasados (hay que recordar que fueron expulsados en 1609).
Desde su puesto de funcionario entra en contacto con el hombre más poderoso de la España de la época, Manuel Godoy, Primer Ministro de Carlos IV y auténtico gobernante de la nación. Domènec le convence para financiarle un viaje por el África musulmana, Godoy obtendría así información sobre como una posible invasión de Marruecos. En aquel momento, el Sultán había roto las relaciones con la corona española y los barcos de nuestro país no tenían puertos seguros donde atracar, era por tanto necesario obtener alguna plaza en la costa atlántica.
Para preparar semejante aventura Badía intenta transformarse totalmente en un musulmán, se circuncisa, se deja crecer la barba al estilo árabe y se vista con sus ropas; por supuesto su operación estática no fue vista con buenos ojos por la sociedad católica de la época. Esta aventura científica y de exploración ponía a España a la misma altura de las empresas que Francia e Inglaterra estaban realizando. No obstante la vida de Badía corría peligro, podía en cualquier momento ser descubierto, su atrevimiento se castigaba con la muerte. Godoy no tuvo mejor idea para mantener la identidad de este intrépido catalán en el anonimato que publicar su salida del país en el Diario de Madrid el 28 de Noviembre de 1801 con todos los detalles sobre la misión. Por suerte, no llegaron copias al Magreb.
En cuanto llegó a Marruecos, Domingo Badía cambió su nombre cristiano por el de Alí Bey el Abbasy, descendiente de la familia del profesta Mahoma. Esto hecho le dio renombre le granjeó la amistad del mismísimo Sultán y los nobles de la corte. Con su nueva personalidad viaja hasta Arabia, allí consigue lo que ningún otro cristiano había hecho antes, entrar en la Meca y besar la Kaaba.
Aún hoy en día sigue siendo requisito para visitar la Meca o la ciudad de Medina la condición de musulmán. Continuos carteles en un llamativo color rojo recuerdan al viajero el peligro de saltarse tal regla. Este hecho ha convertido a la Meca en una ciudad que vive exclusivamente del turismo generado por la peregrinación que todo musulmán debe hacer al menos una vez en la vida a este lugar sagrado. En la época en que Domènec visitó la ciudad era requisito saber hablar árabe, hoy en día ya no es necesario puesto que muchos de los peregrinos son de origen asiático. Si sigue vigente, y los policías islámicos pueden pedírnoslo, la obligación de conocer la Fatiha (algo así como el Padrenuestro de los musulmanes) y algún que otro texto importante dentro del Corán, sin olvidar por supuesto el estar circuncidado.
Así fue como este aventurero del Siglo XIX pudo rodear siete veces la Kaaba, tocar la Piedra Negra y finalmente beber del Pozo de Zamzam como manda la tradición.
Después de visitar la Meca decide emprender la localización de los restos de la Atlántida por el norte de África pero los acontecimientos que en esos momentos suceden en España le hacen regresar. Tras una reunión con Carlos IV sale tan decepcionado por el tipo de persona con el que se encuentra que decide prestar sus servicios a Napoleón, que en esos momentos había invadido España. Tras varias misiones al servicio de los franceses, es enviado a Damasco bajo el nombre de Alí Othman donde en 1818 muere envenenado con por espías ingleses. En aquel momento ya se había convertido al islam.
Aunque su muerte le privó de vivir nuevas aventuras y de explorar más sobre un mundo hasta entonces cerrado a los occidentales, sus libros sobre las narraciones de sus aventuras fueron leídos por toda Europa, promoviendo la curiosidad por la cultura islámica. Uno de sus futuros lectores será el aventurero inglés Sir Richard Francis Burton que también lograría siguiendo minuciosamente el plan de Badía llegar también a la Meca sin ser descubierto y escribiría con mayor amplitud sobre lo allí visto.
Como toda carrera hacia un objetivo donde las pruebas son difusas, otro personaje lucha por ostentar el honor de ser el primer no musulmán en pisar la Meca, un italiano de nombre Ludovico di Barthema que podría haber llegado a la ciudad Santa a principios del Siglo XVI, aunque existen serias dudas sobre si pudo llegar a entrar o tocar la Kaaba.


