96 Curiosidades de la Historia: La Tulipomanía
Quizás por nuestra historia reciente sean muy conocidos los efectos tanto positivos como negativos de la especulación inmobiliaria. Los bienes inmuebles alcanzan año a año precios récord y saber comprar y vender en el momento oportuno otorga pingues beneficios.
El caso español palidece frente al vivido en la década de los 90 en Japón. Durante esta época y parte del nuevo siglo, el precio de la vivienda en Japón descendió año tras año, la economía entró en recesión y apareció un concepto nuevo en la sociedad nipona, el desempleo. El baburu keiki o boom de la burbuja tiene su explicación en el superávit económico japonés en la década de los 80, justo antes de estallar los analistas discutían si Japón era ya la primera superpotencia económica del mundo, por encima de los EEUU. Durante la bonanza económica, el dinero obtenido por la balanza comercial exterior se invertía en inmuebles y así bancos, empresas y particulares comenzaron una carrera que terminaría multiplicando el valor de los pisos por 75 y catapultando a la bolsa del país del Sol Naciente de poco más de 10.000 puntos a casi 40.000, todo humo, puesto que las empresas no tenían esa rentabilidad. Cuando el Banco Central del país tomó medidas para frenar un desastre aún mayor elevando los tipos de interés, dificultando así la compra, el desplome total de la Bolsa y de los precios durante los siguientes diez años hicieron de este período lo que los japoneses llaman “la década pérdida”.
Pero la especulación irracional no es algo propio de nuestros tiempos. Buena cuenta de ello podría darlo la Compañía de los Mares del Sur, cuyo precio de sus acciones a base de mentiras sobre los grandes negocios que podría llevar a cabo en el nuevo continente desataron la euforia y las ganas de invertir en la empresa. El resultado fue el paso de las 128 libras por acción a las 1000 en su momento más álgido para terminar el año de 1721 en 100. Personajes como Isaac Newton y buena parte de la burguesía inglesa perdieron muchísimo dinero en lo que parecía un negocio seguro. Pero sin duda, la historia de la especulación sobre los bulbos del tulipán merece un capítulo aparte.
El tulipán es una planta muy apreciada aún hoy en día y con un mercado en el comercio próspero y consolidado. Su principal y podemos decir única cualidad está en su belleza, que ha sido objeto de innumerables cuadros, digo única cualidad porque su flor no tiene olor y no posee cualidades medicinales. El tulipán es la flor nacional de Holanda, llegó procedente de Turquía a los Países Bajos en 1559, tras pasar por los Jardines Imperiales de Viena e introducirse en Holanda de la mano del botánico Carolus Clusius.
El propio Clusius guardó celosamente su existencia, cultivándolos de manera secreta hasta que un robo hizo que la planta se diera a conocer al pueblo holandés. Los tulipanes requerían para su óptima producción de un suelo arenoso, Holanda y sus extensiones de terrenos ganadas al mar con la construcción de diques.
El cultivo de tulipanes comenzó a extenderse por todo el país, pero con ciertas peculiaridades, los tulipanes cultivados en Holanda sufrían variaciones de su color que transforman su apariencia. Así, comenzaron a surgir tulipanes multicolores que aumentaban el exotismo de los mismos, empieza de esta forma a formarse un próspero mercado. La gente pudiente adquiría los tulipanes que tuvieran los colores más hermosos o llamativos y después podían venderlos por un precio aún mayor.
En su momento la mutación sobre el color de los bulbos intentó ser controlada para producir de esta forma variedades más valiosos, fue imposible. De cada cien tulipanes uno mudaba su color al primera siguiente y su color podría ser el de una variedad muy apreciada. Hemos tenido que esperar hasta el Siglo XX para conocer la respuesta a esta mutación que se debía al pulgón común, un parásito que se transmite a la planta y esta al enfermar varía su color. Que el proceso no pudiera ser controlado por los horticultores aumentaba el valor de los especímenes más extraños y que ocasionó que el precio aumentase progresivamente 6 años, en cambio fueron suficientes 6 días para que se produjera el desplome.
Los tulipanes podían reproducirse por polinización o por pequeños bulbos, bajo este segundo proceso se creaban clones idénticos al tulipán madre, para desgracia de los poseedores de los especímenes más extraños, este método por bulbos era lento y con poco éxito.
Las variedades más raras tenían el honor de ser bautizadas con nombres de personajes ilustres de la época. El ejemplar más cotizado de este periodo fue el Semper Augustus. En el año 1624 existía una docena de ejemplares, en Amsterdam fue vendida una de las residencias más caras de la ciudad por este ejemplar. La residencia de un rico por un solo tulipán. Estos doce ejemplares eran propiedad de un solo coleccionista que se negó una y otra vez a venderlos, finalmente se deshizo de uno de ellos que a su vez produjo dos vástagos de la misma variedad, de haber aguantado más podría haber sido todavía más rico.
Con la escasez de los bulbos exóticos y el alto precio que estos podían alcanzar en el mercado, todo el mundo se lanzó a la compra masiva de los mismos. En las tabernas de Holanda se producían la mayoría de las ventas, escapaban por tanto al mercado regulado de la bolsa, pero aún así existían reglas que cumplir. En primer lugar era necesario obtener una licencia para ejercer como vendedor en la taberna. Una vez conseguida existían dos métodos: El primero vendedor y comprador escribían en un papel su oferta, un negociador ajeno al negocio proponía su solución. El segundo método era una subasta; en ambos casos el comprobador debía pagar también la comida, la cerveza y el tabaco al vendedor.
El cultivo del tulipán es una actividad muy lenta, desde su plantación hasta su floración pasan siete años. De esta forma comenzaron los holandeses a tomar un camino equivocado, en lugar de vender los tulipanes en mano, convirtiéndose por tanto en una actividad de temporada, se empiezan a vender los posibles clones de un tulipán, nace así el mercado de futuros de bulbos, más tarde los holandeses lo llamarían “el negocio del aire”.
En el año 1623 por un solo bulbo se llegó a pagar 1.000 florines, en aquella época un trabajador normal recibía un sueldo de 150 florines al año. En su época de mayor esplender, la década de los 30, un comerciante podría obtener un beneficio del 500% mediante la especulación, era imposible no contraer esta enfermedad y de esta forma entra en el mercado la clase media, esta no dudaba en hipotecar sus casas o herramientas de trabajo para entrar en el mundo de la especulación de los bulbos.
En el año 1637, un próspero comerciante falleció repentinamente en su mansión dejando huérfanos a sus 7 hijos de muy corta edad. Este comerciante poseía una excelente colección de bulbos y las autoridades del lugar decidieron subastarlos para procurar un futuro a sus huérfanos. El 5 de Febrero de ese mismo año salió en subasta su lote formado por 99 tulipanes que adquirió una cifra récord, se pagaron por ellos 90.000 florines de la época lo que hoy vendría a ser 14.000 millones de euros, los huérfanos no sólo tenían ahora su futuro asegurado sino que serían una de la mayores fortunas de Holanda. Al día siguiente la burbuja estalló, un lote de medio kilo de bulbos de una variedad muy apreciada no encontró comprador por los 1.200 florines de su precio de salida. Durante 6 días comenzó a correrse el rumor por todas las ciudades del país y todos se dieron cuenta de golpe que los precios de los tulipanes no se correspondían con el valor real del productor, para muchos era ya demasiado tarde para bajarse de la locomotora a la que previamente se habían subido soñando con hacerse ricos.
El mercado se había colapsado pero las deudas seguían en pie. Un problema añadido en esta época fue que muchos de los compradores no tenían un verdadero respaldo a la hora de comprar, nadie les había preguntado si podrían hacer frente a la obligación contraída si el mercado bajaba porque se suponía que eso no ocurriría. Al declararse en bancarrota personas por todo el país los Tribunales se vieron saturados de trabajo y tuvieron que intervenir los ayuntamientos de Holanda al promulgar leyes que dejaban sin efecto las obligaciones contraídas a partir de cierta fecha. Era ya demasiado tarde porque muchos ya lo habían perdido todo.
Después del crack toda la población comenzó a odiar a los tulipanes, habían traído de la ruina a todas las clases sociales, desde los ricos comerciantes que habían perdido sus mansiones hasta los más humiles artesanos que habían entregado como aval sus herramientas de trabajo. No obstante no debieron de aprender del todo la lección, porque un siglo más tarde volviera a ocurrir un suceso parecido pero estaba sustituyeron los tulipanes por jacintos.



YO SOY Pedro dijo
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17 Septiembre 2009 | 10:47 PM