99 Curiosidades de la Historia: La desidia de España en la guerra con EEUU
En el transcurso del gran viaje de Fernando de Magallanes para circunnavegar el globo, el intrépido portugués arribó a las costas de la isla de Guam el 6 de Marzo de 1521. A su llegada los habitantes de la isla, creyeron que los españoles también comerciaban como ellos y acudieron a su encuentro con mercancías. Tras comprobar las verdaderas intenciones de los exploradores robaron alguna de las naves y todo lo que pudieron saquear a su paso. Magallanes ordenó entonces tomar represalias contra la población autóctona de Guam, conocidos como chamorros, y bautizó al nuevo territorio como Islas de los Ladrones. Con la llegada a la isla del primer misionero, el jesuita Diego Luis de San Vitores rebautizó al archipiélago con el nombre de las Marinas en honor a la reina Mariana de Austria, viuda entonces del rey de España Felipe IV.
Poco más destacable puede mencionarse en la historia de este perdido enclave en el Pacífico durante los siglos posteriores. Las islas Marianas fueron siempre un lugar de para obligada en los viajes de los galones que cubrían la ruta Acapulco – Filipinas. De su valor estratégico da buena cuenta el contingente con el que EEUU se presentó ante la isla el 20 de Junio de 1898, en una operación enmarcada de la guerra Hispano-Estadunidense.
En el año en el que comienza el conflicto las posesiones españoles en Oceanía estaban totalmente abandonadas a su suerte. La presencia de tropas y españoles en las islas eran simplemente testimonial y los historiadores no dudan en hablar de total desidia, incompetencia militar e ineptitud política a la hora de defender las posesiones desde la Península. La conquista de Guam roza a partes iguales lo esperpéntico y lo cómico y es el perfecto ejemplo del nivel de inoperancia del mando español durante la guerra.
La isla de Guam tenía una pequeña guarnición compuesta por unos 60 hombres aproximadamente, una nimiedad dada el alto valor estratégico de la isla. El parque de artillería era aún más calamitoso, unos pocos cañones en pésimo estado que apenas se sostenían en pie y con más de un siglo de vida. De otra posesión española, Manila, partió la flotilla americana con refuerzos la toma Guam. Así comienza uno de los episodios más bochornosos de la historia militar española.
La mañana del 20 de Junio de 1898 aparecieron en la bahía Agaña, capital de la isla, cuatro buques guerra de la armada estadounidense. El General Juan Mariana del ejército español recibe la información de la presencia de un bue americano aproximándose a la costa y que ha realizado varios disparos de cañón a modo de saludo. Inmediatamente, soldados españoles acuden hacia el buque de guerra para en primer lugar disculparse por no haber recibido las salvas de rigor.
Al subir al crucero Charleston, son recibidos por el capitán del navío, Henry Glass que les invita a tomar asiento. Allí mismo, en una improvisada mesa instalada en la cubierta son informados de las intenciones americanas de tomar posesión de la isla por estar las dos naciones en guerra. Asombrados, los españoles respondieron que nada sabían, la última comunicación con el exterior databa del 14 de Abril y en ella no se informaba de ningún incidente con los EEUU. Efectivamente la guerra se había declarada oficialmente el 25 de Abril pero la escalada en la tensión entre ambos países venía de mucho antes. Como los soldados no habían acudido a rendir la isla, el capitán preguntó cuál era entonces el motivo de la visita, su sinceridad quedó entonces fuera de toda duda. Los españoles explicaron que creyeron estar siendo saludados por los americanos pero que no pudieron disparar los cañones de los fortines del puerto por tener estos más de un siglo y temer que al ser disparados tras tanto tiempo el salitre y el oxido hiciera que estos reventaran. Los americanos también fueron claros ante tanta honradez, ellos no conocían el estado de los cañones y sólo su mala puntería y la fortuna hizo que sus cañonazos no impactasen contra las defensas de España.
En vista de la situación, los españoles preguntaron cuáles eran las fuerzas con la que los americanos contaban para tomar la isla, la respuesta no pudo ser más contundente: Un crucero protegido, con más de 20 cañones y 600 hombres, tres transatlánticos de apoyo que además conducen una división del ejército americano al mando del General Anderson.
Tras ser informado en tierra firme el capitán Duarte sopesó la situación de la isla, sin hombres, fortificaciones y contra miles de soldados americanos, además como ni siquiera se les había comunicado el estado de guerra poco esperanza se podía tener en la llegada de refuerzos. Así pues a la mañana siguiente un bote con bandera blanca comunicó a Glass la rendición en treinta minutos de la isla. Esa misma mañana tuvo lugar el acto formal de ocupación con el izado de la bandera norteamericana. Los soldados españoles fueron llevados hechos prisioneros y llevados a borde los distintos barcos con destino a Filipinas. Así perdía tras casi cuatro siglos España la posesión de la isla, eso sí, como Estados Unidos no había dejado ninguna guarnición en la isla (se ve que adquirieron pronto las costumbres españoles de desatenderla) un grupo de civiles españoles retiró la enseña americana y volvió a colocar la española que seguiría ondeando hasta el fin de la contienda.
Diferente fue el caso de los héroes de Baler, más conocidos como los últimos de Filipinas. Durante casi un año un grupo de soldados españoles aguantó las envestidas de los insurgentes filipinos atrincherados en una Iglesia, desconocía en ese momento que la paz ya había sido firmada. En este tiempo aguantaron toda clase de penurias y enfermedades así como ataques constantes hasta que las fuerzas flaqueaban de tal manera que amenazaban con terminar con todo el regimiento. Finalmente capitularon y fueron recibidos por los propios sitiadores con toda clase de honores, después de su perseverancia y concepto del honor dejó a más de un enemigo asombrado. Lamentablemente a su vuelta a España no obtuvieron el reconocimiento merecido. De haber nacido en EEUU hoy estaríamos hablando de una historia superior al mítico Álamo.
De esta forma tan calamitosa finalizó la presencia española en Asia y el Pacífico, no es de extrañar por tanto que nos encontremos ante el “Desastre del 98”. Aunque no terminan aquí las lapsus de gestión de España. En la firma del Tratado de París que pone fin a la guerra con los Estados Unidos quedaron dos islas sin asignar, Cagayán y Sibutú. Ni siquiera España recordaba que formaban parte de sus posesiones de ultramar por lo que en 1900 hubo de firmarse otro nuevo Tratado de cesión.


