100 Curiosidades de la Historia: ¿Son las claves de Waterloo? Primera Parte.
Para Friedrich Nietzsche la pregunta ¿Qué hubiera pasado si tal no hubiera ocurrido? Era considerada de forma unánime de forma negativa; sin embargo para él era esta precisamente la pregunta fundamental. Para este existencialista si resulta interesante jugar con la historia, por ello es interesante analizar los errores o pequeñas claves que pudieron inclinar la balanza en la famosísima batalla de Waterloo. ¿Podría haber ganado Napoleón de no haberse producido tal hecho? ¿Qué peso tuvieron en el resultado final de la contienda?
Pero vayamos por partes y retrocedamos un poco en el tiempo antes de la batalla. Tras la entrada triunfal en París del emperador Napoleón, el entonces rey Luis XVIII abandona el país. La noticia corre como la pólvora por toda Europa y no tarda mucho en formarse una nueva coalición para detener al corso. Austríacos, Rusos, ingleses y prusianos comienzan a desplegarse en los Países Bajos. Mientras tanto Napoleón intenta detenerlos antes de que estos consigan unir todos sus ejércitos, por eso se produce la batalla y es tan importante.
La batalla de Waterloo incluye todos los combates que van desde los primeros combates entre franceses y prusianos el 15 de junio hasta la retirada final francesa tres días más tarde. La batalla fue bautizada por Wellington no sin cierta polémica con Blücher, general prusiano. Wellington tenía la tradición de nombrar a las batallas con el nombre del lugar donde había dormido la noche anterior a la misma, y este lugar había sido Waterloo. Un detalle menor en una confrontación que puso de nuevo en jaque a toda Europa.
Las claves de la derrota son tantísimas que merecerían por si sólas un tratado sobre este batalla como de hecho existen ya. Podríamos citar quizás los más conocidos. Napoleón no relegó a algunos de sus mejores mariscales a tareas políticas y administrativas además de haber muerto otros muchos. Finalmente confió el grueso de las operaciones a Michel Ney y Emmanuel de Grouchy. Resulta también un poco chocante la actitud del Emperador durante la batalla porque a diferencia de lo ocurrido en otras ocasiones en Waterloo delegó demasiado en sus subalternos por estar enfermo, dejando demasiadas cosas a la improvisación.
Estos y otros errores son los que de una forma descarnada y pura se consideran habitualmente como causas de la derrota pero existen dos teorías que desde el mismo fin de la guerra han hecho volar la imaginación de historiadores y estudiosos de las guerras napoleónicas.
La primera y más curiosa es para muchos autores decisiva, tanto que incluso tiene su propio nombre, “La teoría de los clavos”. Durante la batalla, las tropas francesas consiguieron hacerse con decenas de cañones británicos que permanecían en lo alto de una ladera. El botín era muy suculento porque de esta forma conseguían capturar unas armas con un alto poder destructivo y que además por su situación estaban haciendo mucho daño a las líneas francesas. Este golpe de efecto parecía inclinar la balanza del lado de francés así que solo era necesario inutilizar los cañones y continuar la lucha en otro lugar, para ello se introducían unos clavos por el oído del cañón y de esta forma el tubo por donde salía la bala quedaba totalmente inservible. Desgraciadamente para el bando napoleónico nadie llevaba consigo ni clavos ni martillos para clavar. Los británicos volvieron a contraatacar y recuperaron los cañones que además están perfectamente colocados en formación y listos para disparar. Al seguir estos en servicio volvieron a abrir fuego contra los franceses en retirada y causaron una auténtica matanza, sin los cañones el número de bajas en el contraataque hubiera sido insignificante.
¿Qué hubiera ocurrido si Napoleón hubiera contado con muchas más tropas y los ingleses sin la potencia de sus cañones? Algunos historiadores lo tienen claro, hubiera podido ganar o desde luego su derrota se hubiera pagado más cara.


